Venezolanos en Bogotá: entre la discriminación y la informalidad

Así viven los ciudadanos del vecino país en la capital de la República.

"A algunos nos tratan como animales", dice Jonathan Sánchez, uno de los venezolanos que vive en este campamento ubicado a pocas cuadras de la terminal de transporte del Salitre del occidente de Bogotá. Tiene su pie hinchado y adolorido, envuelto en una venda luego de haber sido víctima de un atraco por parte de dos colombianos y dos venezolanos.

Viene de un lugar cálido, pero ahora habita bajo el cielo frío de la capital de Colombia y su único refugio es una improvisada carpa hecha con bolsas de basura, con la que se protege de la lluvia de la noche.

Así como él, al menos otras 150 personas sobreviven en estas condiciones, en medio de un campamento montado entre los árboles de un terreno baldío junto a una carrilera de tren. Llegaron a Bogotá huyendo de la necesidad y la difícil situación social y política por la que atraviesa Venezuela. Pero a pesar de vivir de la caridad, muchos aseguran que prefieren estar en estas condiciones que regresar a su país.

Según Migración Colombia, en junio del 2018 eran 870.000 las personas del vecino país que se encontraban en el territorio nacional. Nada más en Bogotá hay 117.886 venezolanos, y 37% de ellos están indocumentados.

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"Acá la cosa es difícil y, de hecho, esto no es vida para nadie. Pero lo prefiero antes de regresar a mi país, que es un infierno", comenta José Luis, otro de los venezolanos que vive en este lugar y que se enteró, ya sin sorprenderse, que Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Constituyente de su país, aseguró que el fenómeno de la migración es por "estatus" o "moda".

Y mientras todas estas personas (jóvenes, hombres, mujeres, niños, niñas, y adultos mayores) sobreviven en este campamento, los colombianos y el Estado se enfrentan a una situación migratoria imprevista, que no ha caído bien en muchos sectores.

Asentamiento de venezolanos en Bogotá.
Asentamiento de venezolanos en Bogotá.Crédito: RCN Radio

Vivir en la ilegalidad

Muchos de los venezolanos que viven en este campamento son indocumentados. Algunos cuentan con su cédula de ciudadanía, otros con pasaporte, pero muy pocos tienen los documentos exigidos por Migración Colombia. En su gran mayoría cuentan con el Permiso de Ingreso y Permanencia, que es temporal.

Sin embargo, para acceder a las diferentes ofertas institucionales como salud, educación y autorización para trabajar es necesario un Permiso Especial de Permanencia. Sin este documento les es imposible tener un empleo formal con prestaciones de ley.

Según el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia (RAMV), en Bogotá viven 117.886 ciudadanos del vecino país. De ellos, 74.403 (el 63%) tienen permisos de permanencia y trabajo, mientras que el 37% (43.483) están de manera irregular.

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"La mayoría de nosotros llega a Bogotá y lo que quiere es trabajar, pero ¿cómo trabajar si te piden unos documentos que cuando los vas a sacar te dicen que no cumples con los requisitos?", comenta José Luis.

En esta situación están muchos que optan por tomar otros caminos como vender todo tipo de productos en buses y semáforos. Otros más deben dedicarse a los pocos empleos que logran conseguir, temporales, mal pagados y sin prestaciones de ley.

De ahí que abunden venezolanos que son barberos, meseros, albañiles, mecánicos, empleadas domésticas, entre otros. Pero estos son solo unos pocos que cuentan con la fortuna de tener un trabajo. En la mayoría de los casos las empresas prefieren no contratar venezolanos que no tengan sus papeles al día.

Personas como estas son las que viven en el campamento junto al terminal del Salitre. Reclaman oportunidades reales trabajo y la presencia de algún ente del Gobierno que se comprometa a solucionar su situación.

Así lo expresa José Luis: "Si en verdad nos dejaron trabajar, este campamento se terminaría tarde o temprano. Se terminarían las peleas que nosotros mismos tenemos por la comida o la ropa que nos regala las personas del común. Entraríamos en la economía formal y empezaríamos a tener nuestro hogar. Nosotros no estamos pidiendo que nos regalen nada. Queremos trabajo. Un trabajo honesto, que se nos trate como personas y no como animales".

Abuso y Discriminación

"Si vas caminando por la calle muchos piensan que los vas a robar o ni siquiera te miran", dice Jonathan con su voz tenue. Y mientras habla, todos a su alrededor asienten. Aseguran que su acento a menudo es identificado como sinónimo de delincuencia.

La migración de venezolanos a Colombia parece haber desencadenado un fenómeno de xenofobia en ciudades como Bogotá. Al menos esa es la sensación que se llevan muchos ciudadanos del vecino país que han visto cómo puertas laborales se les cierran con tan solo pronunciar una palabra.

Dicen estar ya acostumbrados a recibir todo tipo de insultos y gritos mientras caminan por las calles de la ciudad pidiendo dinero, vendiendo dulces o billetes en los buses. Pese a esto, cuando se les pregunta cómo se han sentido en Colombia aseguran que la gran mayoría de personas los ha tratado bien.

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"Hay muchos que nos usan. Nosotros los venezolanos no podemos hacer nada, nos vemos en la obligación de aguantarnos, de soportar malos tratos, discriminación". Estas son las palabras de José Álvaro, otro de los jóvenes que viven en el campamento.

Llegó a Bogotá hace dos meses y ha hecho de todo para conseguir un sustento diario. Lastimosamente, la única oportunidad que tuvo de tener un trabajo digno resultó ser un engaño. Gracias a un amigo que ya llevaba tiempo en la ciudad consiguió empleo en un auto lavado. El pago era quincenal, por un monto muy inferior al que recibiría un colombiano. Sin embargo, en medio de la necesidad, decidió aceptarlo.

"Era lógico que nos iban a pagar menos, pero acepté porque después de todo la necesidad tiene cara de perro. El problema es que llegó la primera quincena y no me pagaron. Era un engaño, una persona con dinero que se aprovechó de nuestra condición para explotarnos".


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