Donald Trump sorprendió a los líderes europeos en Davos al moderar, al menos en apariencia, su discurso sobre Groenlandia, una disputa que había escalado hasta poner en riesgo la alianza transatlántica. La prestigiosa revista británica The Economist publicó en su portada un controvertido montaje en el que se ve al presidente Donald Trump montando un oso polar, que recuerda el famoso meme que ha circulado durante años en internet del presidente Vladimir Putin ensillando un oso pardo.
Trump reiteró su exigencia de “derecho, título y propiedad” sobre Groenlandia, pero el tono conciliador generó alivio en las capitales europeas. La pregunta central, advierte el semanario británico, no es si la crisis se ha disipado, sino por cuánto tiempo. Para The Economist, el episodio deja en evidencia que Trump puede retroceder bajo presión, sin renunciar necesariamente a sus objetivos estratégicos de largo plazo.
El artículo sostiene que Europa tuvo suerte en esta ocasión. Groenlandia, aunque relevante en el contexto del deshielo del Ártico y de los futuros sistemas de defensa antimisiles estadounidenses, tiene un valor estratégico limitado para Washington, dado que Estados Unidos ya cuenta con una base militar en la isla y puede operar allí bajo los tratados existentes. Dinamarca y sus aliados europeos, además, tendrían un interés directo en defender el territorio ante cualquier agresión.
En ese contexto, The Economist subraya que el coste político, económico y diplomático de una confrontación superaba ampliamente los beneficios simbólicos para Trump. La amenaza de represalias comerciales europeas, el nerviosismo de los mercados ante una posible guerra comercial y de seguridad, el rechazo de la opinión pública estadounidense a una adquisición costosa y, de forma inusual, las señales de resistencia desde el Congreso, contribuyeron a frenar al presidente.
La lección inmediata es clara: Trump solo se repliega cuando percibe que habrá un precio que pagar. A diferencia de ocasiones anteriores, cuando los líderes europeos optaron por la adulación y las objeciones discretas, esta vez adoptaron una postura más firme. Según el análisis, esa estrategia funcionó.
Afrenta directa contra Europa
Sin embargo, ahí terminan las buenas noticias. The Economist advierte que el lenguaje utilizado por Trump en Davos delató un desprecio profundo por Europa y por el valor de la OTAN. El presidente insistió en que Estados Unidos ha “pagado el 100 %” de la alianza sin recibir nada a cambio, mientras su secretario del Tesoro, Scott Bessent, acusó a los europeos de haber gastado 22 billones de dólares menos en defensa desde 1980. La estrategia de seguridad de su gobierno incluso habla de una posible “borradura civilizatoria” de Europa, ligada a la inmigración.
El semanario califica estas afirmaciones como una caricatura de la historia de la OTAN. Recuerda que, durante la Guerra Fría, Europa fue un pilar frente a la expansión soviética y compartió con Estados Unidos valores democráticos fundamentales. Además, la alianza ha funcionado sobre la base del beneficio mutuo: el Artículo 5 se activó una sola vez, tras los atentados del 11 de septiembre, en defensa de Estados Unidos; Dinamarca, proporcionalmente, perdió más soldados en Afganistán que Washington; y Europa alberga bases clave como Ramstein, esenciales para la proyección del poder militar estadounidense.
A juicio de The Economist, Trump difícilmente abandonará su visión de que los aliados son “gorrones” y que los valores compartidos son irrelevantes, lo que hace probable una escalada futura, ya sea por Groenlandia u otro conflicto. Por ello, el artículo plantea que los aliados de Estados Unidos deben prepararse para un mundo en el que podrían quedar solos, comenzando por preservar lo que sea posible de la OTAN mientras aún exista margen.
El problema, señala la revista, es que Trump cree que Estados Unidos tiene más que ganar en una ruptura, ya que Europa y Asia dependen en mayor medida del poder militar, tecnológico y de inteligencia estadounidense. Washington aporta alrededor del 40 % de la capacidad de la OTAN, el componente más crítico, y suministra servicios y tecnologías digitales vitales para la economía europea.
Lo que Estados Unidos también arriesga
Frente a esa percepción, The Economist propone que Europa exponga las debilidades del planteamiento de Trump, elaborando un inventario claro de lo que Estados Unidos también podría perder. Europa es un mercado de cerca de un billón de dólares para bienes y servicios estadounidenses, aporta tecnologías clave —desde chips y telecomunicaciones hasta aeronáutica— y provee inteligencia de alto valor, especialmente a través de aliados como el Reino Unido.
Más allá de Groenlandia, el semanario advierte que un mundo en el que los aliados no confíen en Estados Unidos podría desencadenar una carrera armamentística, incluso nuclear, en países como Alemania, Japón, Polonia o Corea del Sur. Esa proliferación reduciría el peso estratégico de Washington y aumentaría el riesgo de conflictos mayores, en los que Estados Unidos difícilmente podría mantenerse al margen.
En ese escenario, concluye el análisis, Groenlandia es apenas la punta del iceberg de una transformación más profunda del orden internacional. Europa, acostumbrada durante décadas a la protección estadounidense, enfrenta ahora el desafío de reforzar su poder duro, contener la erosión de la alianza transatlántica y prepararse para un futuro en el que la OTAN, tal como se conoce, podría dejar de existir.