Una misión aérea estadounidense en territorio iraní derivó en una de las operaciones de rescate más delicadas de los últimos años, luego de que un avión de combate F-15E Strike Eagle fuera derribado por fuego enemigo, obligando a sus dos tripulantes a eyectarse en plena zona hostil. Diversos medios como CBS News, The Wall Street Journal y The New York Times, reconstruyeron el hecho.
El incidente ocurrió el viernes por la mañana, cuando la aeronave fue alcanzada por fuerzas iraníes y se precipitó violentamente a tierra, convirtiéndose en el primer avión de combate estadounidense perdido por acción enemiga en este conflicto. Tras la eyección, ambos oficiales quedaron separados. El piloto logró mantener comunicación constante con su unidad y fue rescatado aproximadamente seis horas después, en una operación que involucró helicópteros y aviones de ataque que enfrentaron fuego intenso.
Sin embargo, el oficial de sistemas de armas permaneció desaparecido, lo que desató una búsqueda urgente que movilizó a fuerzas militares estadounidenses y agentes de inteligencia en toda la región durante dos días. Su estado fue inicialmente catalogado como “desconocido”, mientras drones y aeronaves de vigilancia rastreaban sin éxito el área del impacto.
El aparato de localización que estuvo siempre activo
De acuerdo con funcionarios militares que hablaron con los medios mencionados, el oficial sobreviviente logró ocultarse en una zona montañosa, escalando hasta una cresta de más de 2.100 metros antes de refugiarse en una grieta, donde permaneció a la espera de ser rescatado. Entrenado en maniobras de evasión, utilizó de forma intermitente una baliza de localización para evitar ser detectado por fuerzas iraníes, que también desplegaron equipos de búsqueda con el objetivo de capturarlo.
En paralelo, la CIA diseñó una operación de engaño desde su sede en Langley, difundiendo información falsa sobre un supuesto traslado del aviador fuera del país. La estrategia buscaba desviar la atención iraní hacia rutas terrestres y ganar tiempo para el rescate. Aunque generó confusión inicial, Teherán intensificó los esfuerzos, incluso ofreciendo recompensas a civiles por la captura de los pilotos.
Mientras tanto, en Washington, el presidente Donald Trump elevó la presión sobre Irán con amenazas directas, advirtiendo sobre posibles ataques a infraestructura clave si no se permitía el tránsito en el estrecho de Ormuz.
Una carrera contrarreloj
Con el tiempo en contra, el Comando Central de Estados Unidos preparó una operación de rescate de gran escala. Cerca de 100 efectivos de fuerzas especiales (incluyendo unidades de élite como el SEAL Team 6, Delta Force y Rangers) fueron desplegados, respaldados por aviones de combate, helicópteros y aeronaves de apoyo.
Tras confirmar la ubicación e identidad del oficial mediante tecnología avanzada de inteligencia, las fuerzas estadounidenses lanzaron la misión al caer la noche. Helicópteros de operaciones especiales se dirigieron a la zona montañosa, mientras bombardeos coordinados iluminaban el terreno y disuadían posibles avances iraníes. Desde su escondite, el propio aviador proporcionó información clave sobre movimientos enemigos.
Aunque no se registraron enfrentamientos directos, el entorno seguía siendo altamente riesgoso. El oficial fue evacuado con éxito hacia una pista improvisada dentro de Irán, donde aguardaban aviones de transporte C-130 para sacarlo del país. Sin embargo, un contratiempo crítico retrasó la operación: al menos uno de los aviones quedó atascado en la arena, obligando a solicitar refuerzos.
Horas después, aeronaves de reemplazo permitieron completar la evacuación. Antes de retirarse, las fuerzas estadounidenses destruyeron el equipo averiado para evitar que cayera en manos iraníes.
Finalmente, al amanecer, los aviones despegaron en secuencia. Una vez fuera del espacio aéreo iraní, la Casa Blanca confirmó el éxito de la operación. “¡LO CONSEGUIMOS!”, celebró Trump en redes sociales, destacando la supervivencia del aviador, quien sufrió heridas pero se encontraba fuera de peligro.