Mauricio Claver-Carone, asesor presidencial de Donald Trump
Mauricio Claver-Carone, asesor presidencial de Donald Trump
Foto tomada de un video en Youtube de CNN en Español
26 Feb 2019 07:53 AM

Mauricio Claver-Carone compara a Nicolás Maduro con Manuel Noriega

El asesor presidencial recordó al dictador panameño, al referirse la accionar del líder del régimen venezolano.
Alfonso
Alfonso
Rico Torres
@AlfonsoRicoT

Mauricio Claver-Carone, director del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos y consejero del presidente de ese país Donald Trump, habló con LA FM. 

Según dijo, Nicolás Maduro está en una situación como la de Manuel Noriega, el exdictador en Panamá que estuvo 27 años preso, 22 de ellos en Estados Unidos y Francia, y luego falleció producto de una enfermedad. "Está como en los últimos días de Manuel Noriega, dando gritos. Estas son situaciones que cambian en 24 horas. Históricamente siempre los tiranos entran en momentos de absurdo", dijo. 

Respecto a la opción militar para sacar a Nicolás Maduro del poder, Mauricio Claver-Carone dijo que "los Estados Unidos nunca alientan, en ninguna parte del mundo, la opción militar. Los Estados Unidos, lo que no va a hacer, es descartar la opción militar". 

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El asesor del presidente estadounidense dijo que la quema de camiones con ayuda humanitaria, en la frontera colombo - venezolana, es condenable desde todo punto de vista. No obstante, aseguró que aún existen otras vías, más allá de la militar. Para ello, señaló, está el presidente interino Juan Guaidó. 

Mauricio Claver-Carone agregó que, más allá de que Maduro se muestre fuerte, se está quedando sin recursos económicos y se está ahogando. "Es un círculo que se está cerrando, no hay salida", enfatizó. 

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Mauricio Claver-Carone también descartó una reunión de Donald Trump con Nicolás Maduro por cuanto Estados Unidos lo considera un expresidente.

Escuche la entrevista a Mauricio Claver-Carone

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El caso de Manuel Antonio Noriega

Primero como agente de contrainteligencia de la CIA, después como dictador aliado en Panamá y más tarde como caudillo rebelde derrocado por las armas, la vida del fallecido Manuel Antonio Noriega (murió el 29 de mayo de 2017) no se entiende sin su inevitable y tortuoso vínculo con Estados Unidos.

Su muerte, ocurrida a los 83 años de edad, se produjo en un hospital de Panamá, pero bien podría haber ocurrido en suelo estadounidense, en cuyas prisiones pagó veinte años de su vida a la justicia antes de proseguir su periplo carcelario en Francia y acabarlo en su país de origen.

Quien fuera "el Hombre fuerte de Panamá" creyó que su privilegiada relación con Estados Unidos le eximiría de toda culpa por hacer del itsmo una plataforma para el narcotráfico, un puerto de distribución de la cocaína colombiana.

Pero antes de acabar con sus huesos en prisión, la historia de uno de los últimos dictadores de América Latina relata una estrecha y hasta dulce relación con Washington, con quien durante los años de la Guerra Fría empezó a colaborar como espía hasta hacerse, de su mano, con las riendas del país.

Su habilidad y el enclave geoestratégico que desempeñó Panamá como centro de operaciones de Estados Unidos para el resto del continente en plenas tensiones con la Unión Soviética, llevaron a un joven Noriega a ser una pieza valiosa para la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Según varios de sus biógrafos, la CIA lo captó recién ingresado en la Guardia Nacional panameña, donde participó en el golpe de estado que aupó al general Omar Torrijos al poder (1969-1981), y en cuyo seno también desarrolló con destreza contactos de todo tipo sin importar ideologías.

Antes de convertirse él mismo en el "hombre fuerte" de Panamá en 1983 "mantuvo una relación de más tres décadas" con la inteligencia de Estados Unidos y fue clave en el manejo de la información sobre las guerras civiles que sacudían a Centroamérica, según cuenta el veterano periodista John Dinges en su libro "Nuestro hombre en Panamá: El astuto ascenso y la caída brutal de Manuel Noriega" (1990).

"Por ejemplo, la vigilancia de los líderes políticos de los diversos países de Centroamérica. Noriega estaba al cargo de todo eso", explica Dinges, quien fuera corresponsal en Centroamérica para el diario The Washington Post y uno de los reporteros especializados en América Latina más reconocidos de Estados Unidos.

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Sandinistas nicaragüenses o sus enemigos de "la contra"; revolucionarios cubanos o su eterna némesis imperialista en la Casa Blanca, ninguno se resistía a su red de contactos, incluidos varios carteles de la droga, entre ellos el capo colombiano Pablo Escobar.

Noriega "poseía -en palabras de Dinges- la extraña habilidad de absorber información, clasificar las opciones disponibles para un adversario, ponerse en los zapatos de la otra persona y anticiparse astutamente a los posibles cursos de la acción", algo muy apreciado por la CIA y clave en su meteórico ascenso.

Tras la muerte de Torrijos en un accidente de avión en 1981 -que el exdictador atribuyó después a Estados Unidos, aunque otros lo acusaron a él de provocarlo-, Noriega emergió como comandante de las Fuerzas de Defensa en 1983, y al hacerlo, asumió el poder en la sombra. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que los aliados se volvieran uno contra el otro.

Confiado por su relación con Washington, empezó con sus manejos por su cuenta, políticos pero especialmente con los carteles de la droga colombianos, así como sus abusos de derechos humanos, lo que llevó al Congreso de Estados Unidos a poner fin a cualquier flujo de ayuda económica o asistencia militar a Panamá en 1987.

Pero la decisión definitiva por parte de la Casa Blanca del reciente estrenado presidente George W. H. Bush no llegó hasta que, tras meses de represión a la oposición en las calles, Noriega interfirió abiertamente en las elecciones presidenciales panameñas de 1989, anulándolas y colocando a su candidato a dedo.

El 20 de diciembre de ese año, citando motivos de seguridad nacional, Bush lanzó la Operación Causa Justa, una fuerza de invasión de más de 20.000 soldados destinada a capturarlo. El dictador no luchó, se refugió en la Nunciatura Apostólica y acabó por entregarse tras sufrir un asedio ininterrumpido de diez días a base de enormes altavoces y música rock a todo volumen.

El "cara de piña", como era conocido popularmente, gobernó Panamá con puño de hierro entre 1983 y 1989. Fue un reconocido agente de la CIA especializado en operaciones de contrainteligencia y sus detractores le acusaban de participar en el tráfico de drogas y en el contrabando de armas.

Noriega fue extraditado a Panamá el 11 de diciembre de 2011 tras cumplir cárcel en Estados Unidos y Francia. Pasó sus últimos días en estado crítico en el hospital capitalino, al que llegó procedente de la casa de su hija Sandra gracias al arresto domiciliario temporal autorizado por la justicia panameña para que cumpliera adecuadamente el pre y el postoperatorio.

El exdictador volvió a casa tras 27 años preso, 22 de ellos en Estados Unidos y Francia por narcotráfico y blanqueo de dinero, y 5 de los 60 que tenía que purgar en Panamá por delitos que incluyen homicidio y graves violaciones a los derechos humanos.

Fuente
LA FM y EFE