Avión de Alaska Airlines Bombardier Dash 8 Q400
Avión de Alaska Airlines Bombardier Dash 8 Q400
Foto de AFP (Referencia)
12 Ago 2018 01:00 PM

FBI investiga cómo un hombre pudo robar y estrellar un avión en Seattle

El autor del robo fue Richard Russell, de 29 años.
Steven
Stiven
López
@StivenMorrison

El FBI está investigando cómo el trabajador de una aerolínea fue capaz de robar un avión vacío en el aeropuerto de Seattle, uno de los más concurridos de EE.UU., para supuestamente suicidarse estrellándolo en una isla mientras le perseguían unos aviones militares.

El autor del robo fue Richard Russell, de 29 años y que trabajaba desde hacía tres años y medio en la compañía Horizon Air, subsidiaria de Alaska Airlines, como personal de tierra, ayudando con el transporte del equipaje, según el diario The Seattle Times que cita varias fuentes, entre ellas un policía.

El FBI aún está tratando de averiguar cómo el hombre, cuya identidad no ha confirmado, pudo robar un avión de la compañía aérea para la que trabajaba y despegar del aeropuerto sin que nadie le detuviera, según dijo en una rueda de prensa el agente Jay S. Tabb, que lidera la oficina de la policía federal en Seattle.

"Vamos a ser exhaustivos, esto va a llevar un poco de tiempo. Por favor, sean pacientes con el FBI", pidió Tabb.

Ante la prensa, también compareció el director ejecutivo de Alaska Airlines, Brad Tilden, que explicó que el sujeto estaba autorizado a estar junto a los aviones, por lo que no hubo "ninguna violación" de la seguridad del aeropuerto.

La aerolínea informó que el aparato, un turbohélice Bombardier Q400, estaba en "posición de mantenimiento" y no tenía previsto ningún vuelo cuando fue robado.

"Los sucesos nos invitan a aprender lo que podamos de esta tragedia para que podamos ayudar a evitar que esto vuelva a suceder en nuestra aerolínea o en cualquier otra", expresó Tilden.

El FBI ha descartado que el hombre que se hizo con el avión tuviera lazos con organizaciones terroristas y atribuyó el incidente a su deseo de suicidarse.

El robo del avión, con capacidad para 76 pasajeros y que iba vacío, se produjo en el aeropuerto internacional Seattle-Tacoma, por el que, en 2017, transitaron 46,9 millones de pasajeros.

Poco después del robo, sobre las 20.00 hora local del viernes (03.00 del sábado GMT), dos aviones militares caza F-15 persiguieron al avión que iba haciendo piruetas en el aire y que se estrelló unos 90 minutos después de iniciar el vuelo en la isla Ketron, a unos 45 kilómetros del aeropuerto y con 20 habitantes.

Mientras iba haciendo piruetas, los controladores aéreos intentaron ayudar a aterrizar al hombre y le pidieron que se alejara de las aéreas pobladas, según grabaciones difundidas.

En las grabaciones, se escuchan tensos intercambios de comentarios entre las autoridades aéreas y el individuo, al que se refieren en varias ocasiones con el nombre de "Richard" y el diminutivo de "Rich".

En una ocasión, los controladores ofrecen ayuda al hombre que contesta: "No, no necesito mucha ayuda, he jugado a algunos videojuegos antes".

En diferentes momentos de la conversación el sujeto expresa preocupación por la cantidad de combustible que le queda al avión, así como sobre la posibilidad de ir a la cárcel y llega a describirse como "un hombre roto".

"Hay muchas personas que se preocupan por mí y les va a decepcionar escuchar que hice esto. Me gustaría pedir disculpas a todos y cada uno de ellos. Soy solo un hombre roto, que tiene algunos tornillos sueltos, supongo. Nunca lo supe realmente hasta ahora", se lamenta.

El presidente de EE.UU. Donald Trump, que se encuentra en su club de Nueva Jersey, fue informado del suceso y estuvo supervisando la situación, según la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders.

"Las autoridades federales están ayudando con la investigación en curso que está siendo liderada por las autoridades locales. Alabamos el esfuerzo de la respuesta de diferentes agencias en su esfuerzo por una respuesta rápida para proteger la seguridad pública", afirmó Sanders en un comunicado.

Es posible que el suceso vuelva a reabrir el debate sobre la seguridad aérea en Estados Unidos, que sigue reviviendo con dolor los sucesos del 11 de septiembre de 2001, cuando unos yihadistas secuestraron cuatro aviones para estrellarlos en Nueva York, Pensilvania y Washington.