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AFP
11 Ago 2017 06:04 AM

El Festival de la Isla de Budapest celebra 25 años como puente a la libertad

Apenas habían pasado tres años desde la caída de la dictadura comunista en Hungría cuando el Festival de la Isla de Budapest, que hoy cumple 25 años, surgió como una ventana al mundo y a la libertad, que cumple hoy 25 años.
La
Fm

"Hemos recorrido un largo camino desde la primera edición hasta ahora. Y puedo ser un poco presumido cuando hablamos de que es ya uno de los mejores festivales de Europa", dice en declaraciones a Efe Tamás Kádár, director del festival.

Una semana de libertad, eso es lo que prometen los organizadores desde 1993, cuando un grupo de artistas y aficionados a la música lanzaron casi de forma amateur la primera edición.

La propuesta cuajó y dos años después gente de la talla de John Cale o The Stranglers pasaban ya por los escenarios del "Sziget", isla en húngaro y el nombre con el que se conoce el certamen.

Libertad, la sensación de entrar en otro mundo. Eso es justo lo que, asegura Kádár, se siente cuando uno cruza por el llamado "Puente K" hasta la Isla de los Astilleros en el Danubio, sede del festival.

"Cuando uno cruza ese puente, parte icónica del festival, entra en otro mundo, en la 'isla de la libertad'. Esto es lo que lo diferencia de otros festivales y es lo que nos comunican los participantes sobre el ambiente", agrega Kádár.

Aunque el arranque oficial del festival es hoy, ya desde hace días ha habido una cuenta atrás en forma de conciertos para preparar el ambiente, como el de la cantante estadounidense P!nk.

El escenario principal tiene este año un programa estelar: Wiz Khalifa, The Chainsmokers, Major Lazer, The Kills de Estados Unidos, PJ Harvey, Alt-J, Hurts o Kasabian son parte de la lista de artistas.

También habrá presencia española, con grupos y cantantes como Candeleros, Henry Jaiz, Los Ramblings, Zoo y Electro Rumbaiao, y latinoamericana, como los chilenos Chico Trujillo y los brasileños de Bixigajo.

Se espera que unos 400.000 espectadores pasen por los más de 200 escenarios y espacios habilitados en las 72 hectáreas que ocupa el Sziget.

Muchos de ellos son extranjeros. Según datos de los organizadores, los espectadores vienen de 40 países del mundo, en su gran mayoría de Europa, especialmente Holanda, Italia, Alemania y Francia.

Pero el Sziget no solo es música pop y rock. Hay escenarios de música clásica, de jazz, espacios de arte, una carpa de ópera, y un circo, entre muchos otros espectáculos.

También hay un llamado "espacio cívico", donde diferentes organizaciones presentan su labor, desde ministerios hasta oenegés como Amnistía Internacional o grupos de apoyo a drogadictos o autistas.

"Es un festival cultural. No solo de música", apunta Kádár, que asumió el cargo de director este año y subraya que hoy día apenas existen diferencias entre el gusto del público húngaro y el de los extranjeros.

"Lo importante es que hay que dar una selección de programas para todas las naciones que están presentes y, aunque sabemos que en otros países hay otros gustos, tratamos de ofrecer algo para el 'gusto europeo'", afirma.

Un cuarto de siglo después de aquella primera ventana al mundo, el Sziget es hoy uno de los símbolos de Hungría y se ha consolidado como una de las citas culturales más importantes de Europa, hasta el punto de haber sido elegido en dos ocasiones, en 2011 y 2014, como el mejor festival del continente por el European Festival Awards.

Con información de EFE