Si usted tuviera una guardería de niños, ¿aceptaría un muñeco de silicona creado con Inteligencia Artificial, como uno de sus alumnos?, ese es el debate que se reabre por estos días sobre los bebés reborn a partir de una pareja de quindianos, que quiso matricular en una institución de España, uno de estos muñecos hiperrealistas, para sentir lo que es llevarlo a estudiar.
La historia de Alejandra Arias, médica de profesión quién soñaba despertar cada mañana junto a su esposo Jaime Alberto Martínez Vélez con el sonido de llanto de un bebé real, y quién se tuvo que conformar con un bebé reborn, se convierte en una oportunidad para hablar de salud mental y este tipo de terapias.
La decisión de adquirir un bebé riborn
Debido a una condición médica el anhelo de ser mamá se vio truncado, Aleja, como se hace llamar en redes sociales, no puede tener hijos. Tras esta noticia llegó la depresión, la ansiedad y otra serie de afectaciones emocionales.
“Me diagnosticaron un tumor en la base del cráneo que me impide tener hijos. Yo me sentía muy triste por que decía: que bonito poder tener una familia, pero lastimosamente no lo pude lograr”, dijo Alejandra.
Junto a su esposo optaron por buscar ayuda y explorar terapias, fue así como llegó a sus vidas Batmancito, como decidieron llamar al bebé Reborn en honor a su, “ papá”, Jaime Alberto, quien en su momento, para una campaña política en Armenia, personificó al héroe de Ciudad Gótica.
“Empezamos con la búsqueda de Batmancito, que tuviera los rasgos físicos de Jaime y los míos y pues al momento que Batmancito llega a nuestras vidas fue como un choque muy grande porque yo también me impresioné al verlo tan real”.
Aceptar la crítica no ha sido fácil
A Aleja y Jaime quienes desde Marbella, España, donde están radicados hace cuatro años, siguen ligados a su tierra natal, Quindío, Colombia, les ha llovido rayos y centellas, aquí y allá, desde que decidieron darle a un muñeco el trato de un niño real.
“Yo me levanto todos los días y lo saludo, hola Batmancito como amaneciste, ya me hace falta. Incluso si viajamos no hace falta y lo extrañamos”, manifestó Jaime Alberto.
Inclusive el nuevo integrante de la familia les ha puesto en juego la cercanía que tenían con sus seres queridos: “Con mis hijos de carne y hueso no tengo buena relación porque pues que a ellos les digan que su papá está loco porque anda con un muñeco de plástico. Varios amigos dejaron de hablarnos, les da pena salir con nosotros porque dicen que como van a salir con personas que están locas”.
Sin embargo afirman que solo ellos saben realmente lo que Batmancito, quien pese a no respirar moverse o llorar, si viene de fábrica con mirada penetrante, cabello y facciones reales, en ocasiones sorprendentes y en otras aterradoras, les ha servido para avanzar en la búsqueda de su bienestar.
“Me ha ayudado muchísimo para salir adelante en medio de todo el caos que estaba pasando en mi vida. Aprendí a soltar los miedos que tenía en mi vida y logré fortalecer mi seguridad y ser feliz”, expresó Aleja.
Batmancito ya lleva un año con ellos, lo que significa, al menos para Aleja y Jaime, que el niño ya debe escolarizarse, por eso intentaron matricularlo en la guardería. Jaime contó lo que le respondieron.
“Nos dijeron que eso podría traer problemas con los otros niños y que por tal motivo no nos lo aceptaban y que también podría generar dificultades con los demás padres. También lo hemos llevado al hospital”.
La idea de vivir el proceso tal cual de levantarse cada mañana, despertar al niño, peinarlo y vestirlo y despacharlo para el colegio, surgió de la terapeuta como parte de las etapas que Aleja debe vivir y deben quemar.
Sin embargo, desde Colombia profesionales de la salud como el doctor Marlon Antonio Niño, quien es sicólogo de familia, docente e investigador del programa de sicología de la Universidad Empresarial Alexander Von Humbolt, considera que este tipo de terapias encaminadas a la consolidación de una familia real deben manejarse con cautela.
“Ellos intentan reconocer lo que implica y representa para ellos la construcción de una familia, precisamente en términos de funciones y los roles. Lo que implica transformarme de ser dos a ser tres y construir un mundo compartido desde las historias de cada quién”.
Alicia Ipia, es de esas matronas de Armenia que pese a los tiempos difíciles sacó a sus dos hijas adelante y por eso es vehemente en su apreciación ante ese trato a un bebé de plástico. Dice que jamás será lo mismo y que no está de acuerdo puesto que no hay lugar seguir con la dinastía de las familias.
Mientras las opiniones sobre el bebé reborn van y vienen, unas a favor y muchas en contra, Aleja y Jaime sigue cambiándole el pañal, dándole de comer, paseándolo en coche por el parque de diversiones y llevando una vida como la de cualquier padre de familia, así aquí no haya pataleta por un helado, no le pidan a gritos un carrito de juguete o no se demore en la noche para dormir.
Aleja y Jaime dicen que seguirán en lo suyo y que pronto vendrán a Colombia y en especial a Armenia, Quindío, para que su hijo también se impregne de la cultura cafetera.
¿Estrategia para llamar la atención, inteligencia artificial para superar la infertilidad, locura o terapia real y efectiva?
Sea lo que sea, lo cierto es que como dicen ellos, con lo que hacen no le causan daño a nadie, es su mundo, un mundo de tres, el Aleja, Jaime y Batmancito, un niño que aunque de silicona logra despertarles el amor paternal que hubieran querido entregarle a un bebé de carne y hueso.
¿Qué es un bebé reborn?
Un “bebé reborn” es un muñeco hiperrealista diseñado para parecerse lo más posible a un recién nacido. Está hecho a mano por artistas que cuidan detalles como la textura de la piel, venas, peso e incluso el cabello, para que luzca y se sienta como un bebé real.
Suelen ser usados como objetos de colección, en terapia emocional (por ejemplo, en procesos de duelo) o en prácticas de cuidado infantil. No son bebés reales, sino piezas artesanales altamente detalladas.