El próximo 9 de octubre se conmemora en Colombia el Día Nacional de la Espasticidad, una fecha que busca generar conciencia sobre una alteración motora que puede aparecer después de una lesión o enfermedad del cerebro o de la médula espinal.
La espasticidad se caracteriza por un aumento anormal de la tensión de algunos músculos, que pueden permanecer rígidos o demasiado contraídos. Esta condición puede dificultar el movimiento, generar dolor y provocar que determinadas partes del cuerpo adopten posiciones difíciles de modificar.
Aunque puede afectar a personas de diferentes edades y por distintas causas, los especialistas destacan que su reconocimiento y manejo oportuno pueden contribuir a mejorar la movilidad, la autonomía y la calidad de vida.
La conmemoración es impulsada por la Asociación Colombiana de Neurología (ACN) e Ipsen, que programaron actividades gratuitas dirigidas a pacientes y cuidadores con el propósito de brindar información y sensibilizar sobre las alternativas disponibles para el manejo de esta condición.
Actividades gratuitas para pacientes y cuidadores
Como parte de la jornada, la Fundación Fundem, en Bogotá, realizará la actividad “El árbol de las posibilidades”, previa inscripción.
Se trata de un espacio lúdico y formativo orientado a que los pacientes puedan conocer herramientas relacionadas con el movimiento y encontrar alternativas que contribuyan a mejorar su calidad de vida.
La Asociación Colombiana de Neurología realizará un Instagram Live en su cuenta oficial, liderado por el neurólogo Andrés Mauricio Betancourt.
Durante la transmisión, pacientes y cuidadores de diferentes regiones del país podrán resolver inquietudes, recibir información sobre la espasticidad y conocer recursos y posibilidades de manejo.
La ACN también cuenta con una página especializada sobre esta alteración, en la que pacientes y profesionales de la salud pueden encontrar información, signos de alarma, guías prácticas y recursos como ejercicios de estiramiento para realizar en casa.
Una condición que puede aparecer después de un ACV
La espasticidad puede presentarse como consecuencia de diferentes condiciones neurológicas, entre ellas los accidentes cerebrovasculares, la parálisis cerebral, el trauma craneoencefálico, las lesiones de la médula espinal y la esclerosis múltiple.
Puede afectar tanto a niños como a adultos y su intensidad puede variar considerablemente entre una persona y otra.
Uno de los grupos en los que tiene especial relevancia es el de las personas que han sobrevivido a un ACV. De acuerdo con la información suministrada por la ACN, cerca del 40 % de los sobrevivientes de un accidente cerebrovascular puede presentar espasticidad, una situación que puede afectar la movilidad y las actividades cotidianas.
A nivel mundial, además, se estima que una de cada cuatro personas mayores de 25 años tendrá un ACV a lo largo de su vida. En quienes sobreviven, pueden aparecer alteraciones motoras como la espasticidad, que pueden limitar la independencia y la participación en actividades diarias.
Por esta razón, los especialistas recomiendan no esperar a que la rigidez sea intensa o aparezcan contracturas para solicitar atención.
“Será importante consultar al profesional de la salud cuando la rigidez aumente, haya una postura anormal de un brazo o una pierna, dolor, dificultad para caminar, vestirse, asearse o realizar actividades cotidianas”, explicó el neurólogo Andrés Mauricio Betancourt, de la Asociación Colombiana de Neurología.
El especialista agregó que, cuando el estado clínico lo permita, es importante iniciar la rehabilitación y realizar un seguimiento periódico durante los primeros meses posteriores al ACV para identificar y tratar oportunamente los signos de espasticidad.
Estudio EPITOME refuerza la importancia del seguimiento temprano
Los resultados preliminares del estudio internacional EPITOME, patrocinado por Ipsen y todavía en curso, también ponen el foco sobre la aparición temprana de la espasticidad después de un accidente cerebrovascular.
Según el análisis preliminar informado por la compañía, el 45,7 % de los participantes evaluados presentó espasticidad confirmada tres meses después de su primer ACV.
Estos resultados son preliminares y podrían cambiar cuando concluya la investigación y se publique el análisis definitivo. Sin embargo, los datos sirven como referencia para insistir en la importancia de realizar un seguimiento temprano de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular.
La identificación de los síntomas permite que el equipo médico determine las necesidades de cada persona y establezca objetivos de tratamiento antes de que las alteraciones motoras generen mayores dificultades funcionales.
El tratamiento debe adaptarse a cada paciente
El manejo de la espasticidad no responde a una única alternativa. Los especialistas señalan que debe ser personalizado y multidisciplinario, teniendo en cuenta la edad, la causa, la intensidad de los síntomas y las actividades que la persona necesita o desea realizar.
Entre los objetivos del tratamiento pueden estar reducir el dolor, facilitar actividades como el aseo y el vestido, mejorar la postura y la movilidad, prevenir complicaciones y favorecer la participación en actividades familiares, escolares, laborales y sociales.
Para ello, el equipo de atención puede involucrar profesionales de neurología, neuropediatría, medicina física y rehabilitación, fisioterapia, terapia ocupacional y enfermería, además de otras áreas de apoyo.
Las alternativas pueden combinar rehabilitación, ejercicio terapéutico, órtesis, medicamentos y otros procedimientos determinados por el equipo tratante.
En determinados casos de espasticidad focal, también puede utilizarse toxina botulínica tipo A para disminuir la actividad excesiva de músculos específicos. Esta intervención forma parte de un plan integral de rehabilitación y requiere establecer objetivos y realizar seguimiento de los resultados.
“La respuesta al tratamiento es individual. Y más que centrarse únicamente en la reducción de la rigidez, es importante evaluar si la persona alcanza objetivos funcionales que sean significativos para su vida cotidiana”, señaló Betancourt.
Tecnología: nuevas herramientas para la rehabilitación
El desarrollo tecnológico también está abriendo nuevas posibilidades para evaluar y acompañar los procesos de rehabilitación.
A nivel internacional se investigan herramientas como sensores de movimiento, electromiografía, visión por computador e inteligencia artificial, que podrían contribuir a realizar evaluaciones más objetivas.
También se estudian alternativas como la realidad virtual y los videojuegos terapéuticos, que pueden utilizarse como complemento de ejercicios repetitivos y del entrenamiento motor.
Sin embargo, estas tecnologías todavía requieren procesos de validación, disponibilidad y supervisión profesional. Por ello, los especialistas advierten que no sustituyen la valoración clínica ni el acompañamiento del equipo de salud.
La importancia de consultar ante las primeras señales
La espasticidad puede tener consecuencias no solo para la persona afectada, sino también para sus familiares y cuidadores. Las dificultades para desplazarse, vestirse, asearse o realizar otras actividades pueden generar una pérdida de autonomía y aumentar las necesidades de apoyo.
Por eso, los especialistas hacen un llamado a no asumir la rigidez muscular o las alteraciones del movimiento como una consecuencia inevitable que deba soportarse después de una enfermedad neurológica.
Ante señales como aumento de la rigidez, posturas anormales de brazos o piernas, dolor o dificultades para caminar y realizar actividades cotidianas, la recomendación es consultar con la institución de salud y los profesionales encargados de la atención.
El reconocimiento temprano, la rehabilitación y el acceso a un manejo multidisciplinario pueden contribuir a mejorar la funcionalidad y la calidad de vida de las personas con espasticidad.
La información y los recursos disponibles para pacientes, cuidadores y profesionales pueden consultarse en la página especializada de la Asociación Colombiana de Neurología sobre esta condición.
Claves del tema en cuatro preguntas:
¿Qué es la espasticidad y qué síntomas puede generar?
La espasticidad es una alteración motora que puede aparecer después de una lesión o enfermedad del cerebro o de la médula espinal. Hace que algunos músculos permanezcan demasiado tensos o rígidos, lo que puede provocar dolor, dificultad para moverse y posturas anormales en determinadas partes del cuerpo.
¿En qué personas puede presentarse la espasticidad?
Puede afectar a niños y adultos y aparecer después de condiciones como un accidente cerebrovascular (ACV), parálisis cerebral, trauma craneoencefálico, lesión de la médula espinal o esclerosis múltiple. Después de un ACV, puede presentarse durante las primeras semanas o meses.
¿Por qué es importante identificar la espasticidad a tiempo?
La detección temprana permite iniciar un seguimiento y tratamiento oportunos antes de que aumente la rigidez o aparezcan complicaciones. Se recomienda consultar ante señales como rigidez creciente, posturas anormales, dolor o dificultades para caminar, vestirse, asearse o realizar actividades cotidianas. El estudio preliminar EPITOME encontró espasticidad confirmada en el 45,7 % de los participantes evaluados tres meses después de su primer ACV.
¿Cómo se puede tratar la espasticidad?
El manejo debe ser personalizado y multidisciplinario y puede incluir rehabilitación, ejercicio terapéutico, órtesis, medicamentos y otros procedimientos. En casos de espasticidad focal puede utilizarse toxina botulínica tipo A, como parte de un plan integral. El objetivo no es únicamente reducir la rigidez, sino mejorar funciones concretas y relevantes para la vida cotidiana de cada paciente.