Durante una entrevista en el programa Siempre Contigo de La FM, conducido por Silvia Corzo, se analizó uno de los temas que más inquieta a muchas personas: qué ocurre realmente al llegar a los 50 años.
El psicólogo Jonathan Pinilla Vanegas explicó que, contrario a lo que popularmente se cree, no existe una “crisis de los 50” como una condición generalizada.
“La palabra crisis está asociada a cambios. En todas las etapas de la vida hay cambios, pero no hay evidencia de una crisis específica de los 50”, afirmó.
Cambios físicos y percepción personal
Uno de los aspectos más evidentes en esta etapa son las transformaciones del cuerpo. La pérdida de masa muscular, las arrugas o la caída del cabello empiezan a ser más notorios.
“Después de los 50 el cuerpo cambia considerablemente y eso afecta la forma en que la persona se percibe a sí misma”, explicó el especialista.
Estos cambios no solo son físicos, también impactan la autoestima y la manera en que las personas construyen su identidad.
Nuevos roles y responsabilidades
A nivel familiar, muchas personas atraviesan una transición importante: mientras los hijos comienzan a independizarse, surge el rol de cuidado hacia los padres.
“La persona pasa a estar en la mitad: antes lo cuidaban y ahora le corresponde cuidar. Eso implica nuevas responsabilidades”, señaló.
Este momento también coincide con el llamado “nido vacío”, lo que lleva a replantear dinámicas familiares y personales.
¿Una etapa de cuestionamientos?
La mediana edad suele venir acompañada de reflexiones sobre lo que se ha logrado o no en la vida.
“Hay personas que sienten que no han construido lo que querían y creen que ya es tarde para cambiar, pero eso no necesariamente es así”, indicó Pinilla.
Este tipo de pensamientos puede generar frustración, especialmente cuando se contrasta con las expectativas sociales.
Lejos de ser una etapa de cierre, los expertos coinciden en que los 50 pueden ser un momento clave para iniciar nuevos proyectos.
“Es una etapa muy buena para reconstruirse, porque muchas personas ya tienen estabilidad y más claridad sobre lo que quieren”, aseguró.
Aunque el aprendizaje puede ser más lento, sigue siendo posible adquirir nuevas habilidades.
“No aprendemos igual que antes, pero sí podemos aprender. La diferencia está en la paciencia y en cómo asumimos ese proceso”, agregó.
Cambios en pareja y relaciones
Las relaciones también enfrentan transformaciones importantes, especialmente en parejas de larga duración.
“Cuando los hijos se van, la pareja tiene que volver a conocerse, porque ya no son las mismas personas”, explicó el psicólogo.
Además, la sexualidad cambia y requiere adaptación.
“Si se espera que la sexualidad sea igual que a los 30, habrá frustración. Es una etapa para reconstruirla desde la comunicación”, señaló.
El miedo al envejecimiento
El temor a envejecer es otro de los factores que influye en esta etapa, muchas veces impulsado por la presión social.
“Si el envejecimiento se asocia solo a arrugas o canas, se genera rechazo. Pero si se entiende como parte del crecimiento, cambia la percepción”, afirmó.
En ese sentido, el concepto de envejecimiento activo toma relevancia, enfocándose en el bienestar más que en la apariencia.
Claves para afrontar esta etapa
Finalmente, el experto destacó dos elementos fundamentales para vivir mejor la mediana edad:
“Flexibilidad y comunicación. Flexibilidad para adaptarse a los cambios y comunicación para entenderse con uno mismo y con los demás”.
Lejos de ser el final de una etapa, llegar a los 50 puede representar una oportunidad para redefinir el rumbo.
“El mayor error es creer que todo ya pasó, cuando en realidad aún se pueden construir muchas cosas”, concluyó.