Una nueva modalidad de hurto tiene en alerta a los habitantes y visitantes del norte de Bogotá. Se trata del llamado ‘raponazo en zonas de parqueo’, una maniobra en la que delincuentes en motocicleta aprovechan el descuido de los conductores para robar sus pertenencias en cuestión de segundos.
La situación es especialmente crítica en la localidad de Usaquén. Allí, los delincuentes acechan a las personas justo cuando sacan sus dispositivos móviles para escanear el código QR de las Zonas de Parqueo Pago (ZPP), requisito indispensable para registrar el estacionamiento en vía pública.
El caso más reciente
El pasado sábado 14 de marzo, cámaras de seguridad privada captaron el momento en que una motocicleta con parrillero abordó a una mujer en la calle 105 con carrera 18 (en la bahía de parqueo cercana a Masa y Olímpica). Mientras la víctima intentaba realizar el pago digital, los sujetos le arrebataron el teléfono y huyeron del lugar.
En diálogo con La FM, Hernán Castro, líder comunal de Usaquén, denunció que la inseguridad en el sector no da tregua. Incluso relató que recientemente un directivo de una cadena de supermercados fue víctima de los ‘rompevidrios’, quienes le hurtaron un maletín y dos computadores. “Queremos entender qué medidas de control están implementando las directivas de las Zonas de Parqueo Pago ante estas situaciones”, señaló Castro.
Los 'rompevidrios' no dan tregua
Además del raponazo de celulares, los usuarios denuncian que los delincuentes realizan seguimientos minuciosos a los vehículos estacionados. Según los habitantes, los delincuentes aprovechan la oscuridad de la noche y, con linternas, inspeccionan el interior de los carros —incluso aquellos con vidrios polarizados— para identificar objetos de valor antes de romper los cristales.
David Villarreal, una de las víctimas, relató su experiencia: "Salí del restaurante cerca de las 9:00 p. m. y encontré el vidrio trasero de mi carro roto; el vehículo estaba justo enfrente".
¿Pago por espacio o por seguridad?
La mayor indignación de los usuarios radica en la falta de garantías. Muchos conductores perciben que, al pagar una tarifa alta por el uso del espacio público, el servicio debería incluir vigilancia.
"La información no es clara; ellos se limitan al cobro por minuto u hora, ya sea por plataforma o en efectivo", comentó David Martínez, otro afectado. "Uno confía en que es una zona segura, pero lo que se paga es solo el uso del suelo, mas no el cuidado del vehículo. Al regresar, nos encontramos con los cristales rotos y sin nuestras pertenencias", añadió.