Dormir no solo sirve para descansar. También podría convertirse en una herramienta clave para anticipar enfermedades graves antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Así lo plantea un estudio internacional publicado en la revista Nature Medicine, que demuestra cómo una inteligencia artificial es capaz de analizar una sola noche de sueño para estimar el riesgo futuro de múltiples patologías de alto impacto en la salud pública.
La investigación fue liderada por científicos de Stanford University, con participación de la Harvard Medical School y centros académicos de Europa. El trabajo presenta SleepFM, un modelo de inteligencia artificial entrenado para interpretar la polisomnografía, el registro clínico más completo del sueño humano.
“El mensaje central del estudio es que el sueño contiene información clínica valiosa mucho más allá de decir si alguien duerme bien o mal”, explicó Juan José Beunza, catedrático de Salud Pública y director de IASalud en la Universidad Europea.
Según señaló, “la inteligencia artificial puede aprender el idioma del sueño e integrar señales del cerebro, el corazón y la respiración para anticipar riesgos futuros en la salud”.
Tradicionalmente, la polisomnografía se ha utilizado para diagnosticar trastornos como la apnea del sueño o el insomnio. Sin embargo, este nuevo enfoque propone un cambio de mirada.
“La PSG deja de ser únicamente una herramienta diagnóstica del sueño y se convierte en una fuente transversal de información sobre la salud futura”, afirmó Beunza.
Más de 65.000 participantes
El modelo fue entrenado con más de 585.000 horas de registros de sueño correspondientes a cerca de 65.000 personas. A partir de ese aprendizaje a gran escala, SleepFM fue evaluado frente a 1.041 categorías clínicas y mostró un buen rendimiento predictivo en 130 condiciones médicas.
Entre ellas figuran la demencia, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad renal crónica, el ictus, la fibrilación auricular e incluso la mortalidad general.
“Que una sola noche de sueño permita predecir con buena precisión el riesgo de múltiples enfermedades, incluidas algunas tan relevantes en salud pública, es uno de los resultados más llamativos del estudio”, destacó el investigador.
Otro de los aportes clave es la capacidad del modelo para integrar de forma conjunta señales del cerebro, el corazón, los músculos y el sistema respiratorio.
“Durante décadas la polisomnografía se ha usado de manera fragmentada. Aquí se demuestra que, analizada en conjunto con inteligencia artificial, puede capturar señales sutiles relacionadas con la salud futura”, explicó Beunza.
El estudio también subraya que SleepFM fue diseñado para adaptarse a la práctica clínica real.
“El modelo puede funcionar incluso cuando cambian el tipo, el número o el orden de los sensores entre hospitales, que es una limitación muy frecuente en la vida real”, señaló el experto.
Además, puede ajustarse a nuevos centros mediante procesos de adaptación con datos locales: “No es automático ni sencillo, pero es posible especializar una IA ya entrenada sin empezar desde cero”, aclaró.
Pese a su potencial, los autores insisten en una advertencia clave: “Esto no significa que una prueba del sueño diagnostique demencia o infarto”, puntualizó Beunza.
“SleepFM es un modelo de riesgo o pronóstico. Para usarlo en la práctica clínica harían falta validaciones prospectivas, medir su impacto real en las decisiones médicas y establecer protocolos de seguridad claros”.
“El sueño es un espejo de la salud”
El propio estudio reconoce que variables como la edad, el sexo o el índice de masa corporal ya tienen un peso importante en la predicción de muchas enfermedades. “La línea basal demográfica predice bastante, y el trabajo lo reconoce”, afirmó Beunza, quien añadió que “una discusión relevante será medir cuánto aporta el modelo cuando se comparan personas de la misma edad o en rangos muy estrechos”.
“El mensaje final es prudente, pero ambicioso”, concluyó el investigador. “El sueño es un espejo de la salud. Este estudio sugiere que, con inteligencia artificial y registros de calidad, podemos detectar señales tempranas y mejorar la prevención, pero hace falta validarlo cuidadosamente antes de llevarlo a la medicina cotidiana”.
El hallazgo abre la puerta a una nueva etapa en la medicina preventiva, en la que dormir bien no solo será sinónimo de descanso, sino también una oportunidad para anticipar riesgos y actuar antes de que la enfermedad aparezca.