Sex Shop
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27 Jun 2019 04:49 PM

Los 'profundos' secretos que calla una vendedora de un sex shop

Una trabajadora de uno de estos establecimientos contó las propuestas indecentes, los clientes extraños y más.
Mateo Chacón
Mateo
Chacón
@DMateoChacon

Maritza habla con la propiedad de un experimentado vendedor. En su trabajo habla sin pudor de consoladores, anillos vibradores, lencería y lubricantes. Trabaja en un sex shop.

"Para mí el negocio del sexo es una profesión, un trabajo como cualquier otro. La gente viene aquí porque quiere disfrutar su vida íntima y por eso busca un asesoría profesional", asegura.

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Trabaja en un popular sector del barrio Galerías, una de las zonas donde más abunda este tipo de establecimiento. Quienes hayan caminado por las calles de una gran ciudad como Bogotá los han visto resaltar en la noche, con sus grandes letreros de neón y sus inmensos ventanales, en los que posan maniquíes luciendo diminuta lencería que dejan poco a la imaginación.

Sin importar si el sector es popular o adinerado, en todas partes de la ciudad hay un sex shop, un negocio fructífero que se ha propagado como todo lo relacionado con las artes amatorias.

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Alguna vez el guionista Grant Morrison dijo: "Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso". Los sex shop han sabido ganarse un lugar como la mejor opción para saciar esa perversidad.

A sus 35 años, Maritza es una versada vendedora de artículos de sexo en uno de los más populares sex shop de la ciudad. Pese a que tiene más de siete años en el negocio y asegura estar acostumbrada, admite que en este trabajo no todo está dicho y cualquier cosa puede suceder cuando un cliente entra por la puerta.

¿Qué es lo más difícil de trabajar en un sex shop?

Aprender de todo. Tenemos un catálogo de artículos para absolutamente todos los gustos. Cosas simples y de alta tecnología. Tienes que saber de todas estas cosas porque te van a preguntar si un anillo vibrador es mejor que otro, si tienen base adherible al piso, si un aceite daña los condones, con qué iniciarse en sexo anal, entre otras cosas.

¿Qué dice su familia?

Al principio no fue fácil. Empecé en esto porque necesitaba trabajo, vi la oferta y no lo pensé dos veces. Cuando les dije, pegaron el grito en el cielo, mi mamá casi me saca a escobazos. Con el tiempo lo aceptaron y ahora algunos de mis hermanos ya son clientes. Cuando veo a sus esposas felices, sé que disfrutaron lo que les vendí.

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Anillos vibradores de todos los tipos.

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¿Tienen alguna regla inquebrantable de vendedor de sex shop?

Ser respetuoso. Mucha gente entra y no sabe qué quiere, no ha probado nada y le da pena entrar. Otros, al contrario, tienen gustos raros, te preguntan cosas locas y hasta te cuentan toda su vida sexual y sus problemas en la cama. Una vez un hombre me pidió algo para mantener la erección y me dijo que ya hasta le daba pena estar con alguien. Lo que menos quieren es que los juzguen.

Además quieren confidencialidad, por eso todo lo que vendemos lo empacamos en una bolsa negra opaca para que la gente salga del local sin miedo a que los señalen.

¿Disfruta de los artículos que vende?

No como muchos creen. Cuando conozco a alguien y le digo que trabajo en un sex shop, empiezan a verme como una 'bomba sexual', como si lo hubiera probado todo. Pero la verdad es que soy conservadora en la cama con mi esposo. Sí he probado cosas, pero no más de un vibrador sencillo y unos aceites.

¿En este trabajo ha pasado por situaciones incómodas?

Acá pasa de todo. Una vez un cliente venía con su pareja que era mujer trans. Se querían comprar un kit de sumisión y pidieron si podían probarse algo. Yo los dejé, cuando es que veo que el hombre se pone la correa en el cuello y le pide a la mujer que lo ahorque. Me tocó decirles que si lo querían usar, lo compraran y se fueran a probarlo en la cama. ¡Y menos mal lo compraron!

Otra vez un una pareja de chicas llegaron y pidieron un arnés con un dildo. Una se lo puso sobre la ropa y le preguntó a la otra haciendo voz de hombre si se veía "como un macho". Sé que no debí, pero esa vez sí me reí.

Tampoco falta el cliente que llega, compra algo y me dice que si quiero estrenarlo con él. Al principio eso me asustaba, ahora solo les digo que no me interesa.

¿Es buen negocio?

El sexo siempre es un buen negocio. A todos les gusta el sexo. Unos son más atrevidos que otros, pero todos lo hacen. Tenemos para todos los gustos y por eso los clientes no falta y logramos buenas ventas. No le puedo decir cuánto, pero es buena plata. Además atendemos todos los frentes y eso hace que haya más fuentes de ingresos.

¿Cómo así que todos los frentes?

Tenemos varias sedes en la ciudad y una tienda en línea donde la gente puede hacer su orden. También hay servicios como salas de citas y transmisiones en vivo con chicas webcam.

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Kits de sadomasoquismo y juegos eróticos.

¿Quiénes compran más, los hombres o las mujeres?

Yo creí al inicio que solo iba a tratar con hombres, pero luego me di cuenta que las mujeres también vienen a comprar mucho, y a veces son hasta más expertas en el tema. También vienen en pareja, ya sean hetero u homosexuales, hasta tríos o grupos más grandes.

¿Qué compran más hombres?

Lo que más se vende es por lo general lo que sirve para el momento: condones, aceites, lubricantes o anillos vibradores. Pero también les gusta mucho comprar lencería, disfraces y los kits con látigos, esposas y antifaces.

¿Y las mujeres?

También los aceites, pero ellas llegan más por vibradores. Les interesan más los juguetes que puedan disfrutar tanto solas como con su pareja.

¿Qué es lo más extraño que venden?

Tenemos muñecas inflables con cara de famosos. La gente le gusta mucho eso. Pueden tener caras de mujeres o de hombres, porque a los homosexuales también las compran. Otra cosa que se vende bien y uno creería que no es un masturbador para hombres que simula la imagen, forma y sensación de una vagina.

¿Lo más costoso?

Hay una máquina sexual que funciona con un motor. Lo que hace es que simula el movimiento de un hombre. Literalmente sirve para tener sexo con una máquina. Tiene patas articuladas, siete velocidades, dildos intercambiables y se le ajusta también la altura. Cuesta un millón de pesos.

Otro artículo costoso es un vibrador que puede controlarse desde el celular. Se baja una aplicación, se sincroniza y con eso su pareja puede manejarlo a la distancia. Este vale $550.000.

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Varios tipos de consoladores.
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