Un sueño cumplido para los jugadores y una ilusión por resignificar eventos de gran magnitud: la reciente clasificación de la selección de fútbol de la República Democrática del Congo, tras un duelo reñido ante Jamaica que se resolvió en el alargue, gracias a una anotación del defensor central Axel Tuanzebe (quien aprovechó un rebote en el área para marcar el 1-0 en el minuto 100), no solo despierta alegría y pasión entre los aficionados más jóvenes, sino que también revive recuerdos complejos del pasado.
La hazaña deportiva trae a la memoria la historia de una selección debutante que, en su momento, no solo cargaba con la responsabilidad de representar a todo un país, e incluso a un continente, sino que también estaba bajo la presión de un régimen autoritario, en un contexto donde los jugadores enfrentaron amenazas y situaciones de alto riesgo debido a su desempeño en la competencia.
El combinado nacional, que actualmente comparte fase de grupos con la Selección Colombia, llega al torneo con una trayectoria marcada por la expectativa deportiva, pero también por antecedentes históricos ligados a episodios de tensión, persecución y presión política.
Alemania, 1974: 'campeones de África', en medio de una dictadura
En vísperas del Mundial de Alemania 1974, la República Democrática del Congo era conocida como Zaire y atravesaba un contexto político y deportivo particular bajo el régimen de Mobutu Sese Seko. En ese periodo, el fútbol fue utilizado como herramienta de prestigio nacional y proyección internacional, acompañado de una inversión significativa en infraestructura, concentraciones y estímulos económicos para los jugadores. Este entorno explica, en parte, el recorrido que culminó con su clasificación a la Copa del Mundo.
Antes de alcanzar ese objetivo, Zaire ya se había consolidado como una potencia emergente del fútbol africano, al consagrarse campeón de la Copa Africana de Naciones en 1968. En aquel entonces, el continente africano contaba con un único cupo para el Mundial, por lo que este logro representaba una ventaja determinante en el camino hacia la máxima cita del fútbol.
A pesar de este antecedente, Zaire tuvo que disputar una fase clasificatoria adicional, en la que mostró un rendimiento dominante frente a otras selecciones del continente. El equipo superó con claridad a rivales como Zambia y Marruecos, finalizando como líder de su grupo y asegurando el único boleto africano al torneo. Este logro marcó un hito histórico, al convertir a Zaire en la primera selección del África subsahariana en clasificar a una Copa del Mundo.
Tras su clasificación, el gobierno de Sese Seko les entregó casas y automóviles de última generación como premio, siendo elevados a expectativas irreales y llegando a Europa como campeones de África, y no como "debutantes exóticos".
“Si perdemos por más de cuatro goles, no volveremos a casa”
Zaire quedó emparejada con las selecciones de Escocia, Yugoslavia y Brasil, esta última considerada favorita al llegar como vigente campeona del mundo.
A pesar de la confianza impulsada desde el gobierno, los resultados reflejaron una realidad distinta. En su debut frente a Escocia, Zaire mostró una actuación competitiva durante varios tramos del partido, siendo incluso catalogada por la prensa alemana como un encuentro “digno y disputado”. No obstante, el equipo terminó cayendo 2-0, un marcador que, aunque adverso, permitió mantener cierto optimismo dentro del grupo.
Sin embargo, el panorama cambiaría drásticamente en su siguiente presentación. El 18 de junio de 1974, en la ciudad de Gelsenkirchen, Zaire sufrió una derrota histórica al caer 9-0 ante Yugoslavia, resultado que se mantiene como una de las mayores goleadas en la historia de los Mundiales.
De acuerdo con testimonios conocidos posteriormente, el equipo habría llegado a ese compromiso en medio de un ambiente de desmotivación e incertidumbre. Jugadores denunciaron que las bonificaciones prometidas no fueron entregadas, lo que generó malestar interno. Estas versiones fueron respaldadas años después por el defensor Mwepu Ilunga y el capitán Raoul Kidumu, quienes señalaron que los recursos destinados a los futbolistas no llegaron a sus manos.
Asimismo, se ha documentado que, en ese contexto, los jugadores enfrentaron presiones externas significativas, incluyendo advertencias por parte del gobierno de Zaire para presentarse al encuentro. El defensor Mwepu Ilunga profundizó en una entrevista concedida al medio internacional AS en 2002 sobre las amenazas recibidas: “Después del partido, Mobutu envió a sus guardias presidenciales… Dijeron que si perdíamos por más de cuatro goles contra Brasil, ninguno volvería a casa”.
Con este antecedente y en medio de un ambiente de temor, el equipo saltó al campo para disputar su último partido de la fase de grupos ante Brasil. El conjunto sudamericano se adelantó con tres goles en el primer tiempo, lo que incrementó la tensión en el equipo africano.
Este encuentro es recordado, además, por el gesto protagonizado por Ilunga, cuando, en una jugada a balón parado, salió de la barrera para interrumpir la ejecución de un tiro libre. Años después, según información difundida por la agencia EFE (2014), el propio jugador explicó que su acción “no fue producto del desconocimiento del reglamento, sino una decisión deliberada”, orientada a evitar un marcador que pudiera tener consecuencias graves.
De acuerdo con su testimonio, la intención era minimizar riesgos, evitar confrontaciones y resistir el partido sin buscar un resultado destacado, priorizando que el tiempo transcurriera sin que la diferencia en el marcador se ampliara de manera significativa.
ESPN África reportó que, tras su participación el cita mundialista, no hubo desfile, acto público ni bienvenida oficial. Además, la prensa estatal evitó glorificar o siquiera destacar a la selección. Cabe mencionar que, tiempo después, el régimen de Mobutu Sese Seko decidió borrar simbólicamente al equipo .
El gobierno también les retiró los sueldos y primas anteriormente prometidas e, inclusive, se les prohibió salir del país y viajar libremente. Estas acciones demostraron que el régimen de Sese Seko consideró que el fútbol ya no era útil como herramienta política tras el escándalo deportivo.
Las espectativas crecen, tras 52 años sin recibir invitación mundialista
La reciente clasificación de la República Democrática del Congo al Mundial representa mucho más que un logro deportivo: se configura como un proceso de resignificación histórica para un país cuya única participación en una Copa del Mundo, en 1974 bajo el nombre de Zaire, estuvo marcada por episodios complejos en lo deportivo y político.
Más de cinco décadas después, el Congo regresa al máximo escenario del fútbol mundial desde un contexto distinto, respaldado por una nueva generación de futbolistas que compiten en ligas de alto nivel, así como por una estructura deportiva más consolidada. Este nuevo ciclo permite construir una narrativa renovada, alejada de las tensiones que rodearon su primera experiencia mundialista.
En ese sentido, la clasificación actual puede interpretarse como una oportunidad para reinterpretar su historia deportiva, proyectándose como una selección competitiva, representativa y con identidad propia dentro del panorama internacional. En este nuevo escenario, se espera que el equipo africano pueda plantear partidos exigentes frente a selecciones con amplio recorrido, como Portugal o la Selección Colombia.