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RCN Radio
7 Sep 2017 01:16 AM

¿Cómo es viajar en el avión junto al papa Francisco?

Juan Manuel Ruiz, corresponsal de LA FM y RCN Radio, reveló su experiencia al estar a pocos metros del Sumo Pontífice.
La
Fm

Primero, los protocolos son la clave. La organización del viaje la lidera la Santa Sede, a través de su Sala Stampa; es decir, la oficina de prensa que está ubicada sobre la avenida de la Conziliazione, en la boca de la plaza de San Pedro, en Roma.

 

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Allí entregan, un día antes del viaje, dos cartillas: una personalizada y otra general. En ellas se explica minuto a minuto lo que va a hacer el papa y lo que deben hacer los periodistas. Cada periodista previamente ha pedido asistir a determinados eventos. La Sala Stampa los estudia y los aprueba.

También entregan las acreditaciones y los gafetes que deben portar quienes están en el avión. De la misma manera, entregan los distintivos con los que se debe marcar cada maleta, la de mano y las de bodega. Es indispensable que siempre se lleve la misma maleta, por razones de seguridad.

 

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Los periodistas que vamos a ir en el avión quedamos prácticamente a órdenes de Matteo, un sobrio y amable funcionario que está pendiente de nosotros y, al mismo tiempo, del Papa. Se aprende nuestros nombres y sabe en qué evento debe estar cada quién y a qué hora. Se nota que en medio de su amabilidad y rigor su disciplina es casi militar. Pero hace que todo marche bien.

 

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Los periodistas fuimos citados a las siete de la mañana del miércoles, hora italiana, para un vuelo que salió después de las once. En los counters de Alitalia los sobrecargos y azafatas se sacaban fotos orgullosamente al lado del aviso que rezaba “Vuelo AZ 4000 Bogotá". Sabían quién iba a bordo.

Allí dejamos nuestras maletas de bodega y fuimos enviados al control de seguridad. De allí pasamos a la puerta B22. Y después, sobre las 9 y 40, abordamos los buses que nos llevaron hasta el avión de Alitalia. Cuando subimos, muchos teníamos asignados los puestos con nuestros nombres al lado del escudo de la Santa Sede.

 

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A las 10 y 50 llegó el Santo Padre y a las 11:01 el avión comenzó a carretear. Finalmente, a las 11 y 14 despegó la aeronave Pastor 1 del aeropuerto de Fiuimicino, con destino Bogotá, Colombia, a 9.825 kilómetros de allí.

 

El alboroto en la sección de prensa

 

Lo que pasó después es sorprendente. Los periodistas, especialmente los colombianos, empezamos a transmitir para nuestras empresas desde nuestros equipos. Al principio lo hicimos en voz baja, casi a escondidas. Pero pronto notamos que nadie nos restringía y con el paso de los minutos aquello fue Babel: la sección del avión para la prensa se volvió una sala de prensa y todo el mundo informaba, generalmente lo mismo, nada original, como suele ocurrir en los eventos de un solo tema o personaje.

Y a las 11 y 40, sin mayores protocolos, apareció el papa Francisco. La sencillez de la aparición es sorprendente. Nadie nos dijo “levántense” o “alístense“. De hecho estábamos más pendientes del cable para conectar a la grabadora o a las cámaras. Tomó el micrófono y dirigió un mensaje a Colombia y a Venezuela. Estaba acompañado de Matteo, quien nos lo iba presentando, puesto por puesto.

Más atrás, en las otras filas, la sencillez y humildad de Francisco hicieron que los periodistas se soltaran y lo colmaran de regalos y de peticiones para sus familias o empresas. Francisco saludó a todos y regresó a su puesto. Para los que no lo habíamos visto fue una especie de hipnosis. Y los veteranos que cubren su agenda diaria en el Vaticano se nota que lo adoran. Se mueren por él.

A la 1 en punto sirvieron un almuerzo espléndido, con lasaña, salmón, ensalada, pan y vino.

Luego, vuelve y juega. Los colombianos seguimos informando y poco a poco el vuelo se hizo más apacible y sosegado, si es que esos dos adjetivos caben en un lugar repleto de periodistas.

A eso de la 1 de la tarde hora colombiana, en la parte trasera del avión, al lado de la cocina, se rompió un poco más el hielo. Los periodistas, cansados, agotados del viaje, se reunieron como en coctel a echar cháchara y a reírse un poco del trajín que nos espera al lado de un hombre incansable como el Papa Francisco.

Después, prácticamente a la hora señalada, como estaba previsto, el avión aterrizó en la base aérea de Catam. La visita papal comenzaba como tal. Y ahí también empezó otra historia…