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1 Mar 2017 03:33 PM

Santos en el Festival de Cine de Cartagena: "la película de la paz ya comenzó"

El presidente Juan Manuel Santos inauguró el Festival Internacional de Cine de Cartagena; "Esta película -de la paz- la dirigimos, la producimos, la protagonizamos todos los colombianos".
La
Fm

El discurso integro del Presidente:

"¡Bienvenidos, muy bienvenidos, al primer Festival Internacional de Cine de Cartagena que celebramos en paz en más de medio siglo!

Hace un año, cuando hablé en la inauguración de este evento, los invité a todos –creadores, productores, actores– a que le dijéramos a la paz, con todo el entusiasmo: LUCES, CÁMARA… ¡ACCIÓN!

Qué alegría poder decir hoy que la película de la paz ya comenzó y que todos, sin excepción, están invitados a su rodaje.

Porque esta película NO la dirijo yo, ni la dirige el Gobierno. ¡Nos quedaría incompleta! Esta película la dirigimos, la producimos, la protagonizamos TODOS LOS COLOMBIANOS, con la participación y el apoyo del mundo entero.

Y ya comenzó a rodarse también, literalmente hablando.

Hoy se inaugura el Festival con el documental El Silencio de los Fusilesde la periodista Natalia Orozco, que nos cuenta una historia que por muchos años, por décadas, nos pareció imposible, pero que hicimos posible. ¡Los colombianos la hicimos posible!

Es la historia de una guerra absurda, de una guerra cruel, entre hijos de una misma nación, que duró 52 años –¡52 años!–, que afectó la vida de varias generaciones, y que terminó cuando los adversarios aceptaron sentarse y buscar una salida civilizada a la barbarie.

Y qué coincidencia –¡qué macondiana y maravillosa coincidencia!– que El Silencio de los Fusiles se estrene exactamente el mismo día en que comienza el proceso de dejación de armas de las FARC ante las Naciones Unidas.

Pero no es el único documental… Univisión –por ejemplo– produjo otro denominado To End a War(Terminar una Guerra), dirigido por el documentalista Marc Silver, con banda sonora del ganador del Oscar, Gustavo Santolalla.

Y estoy seguro de que vendrán muchos más, porque Colombia es hoy una historia para contar: la historia de paz y esperanza que el mundo ha esperado por mucho tiempo.

Ustedes saben –lo he dicho cada año en este evento– que me encanta el cine y que me siento orgulloso de haber ayudado a promover el cine nacional.

Si no hubiera sido periodista y político, de pronto hubiera incursionado en el cine, ¿por qué no?

Me hubiera gustado mucho, por ejemplo, ser guionista y plasmar en un libreto las historias, las ideas, los argumentos, que luego se conviertan en una película.

Y si tuviera la oportunidad de escribir el guion de un documental sobre la paz en Colombia, déjenme contarles algunas de las historias que incluiría…

Comenzaría, por ejemplo, a inicios de los años 90, cuando viajé a Sudáfrica a entregarle a Nelson Mandela la presidencia de la UNCTAD, y hablé con él por varias horas sobre la paz.

Sus palabras y su ejemplo de tolerancia y persistencia me han acompañado por más de 25 años, desde esa reunión.

Mandela me recomendó que hablara con Adam Kahane, un canadiense experto en resolución de conflictos que lo había ayudado a acercar los diversos actores de la sociedad sudafricana, donde se habían odiado tanto por décadas.

En 1997 invité a Kahane a Bogotá, y él me dijo que vendría si lográbamos sentar en una mesa a todos los actores de la compleja realidad colombiana: desde el gobierno y los militares, los empresarios y los sindicatos, la iglesia… hasta representantes de la guerrilla y los paramilitares, que estaban en pleno apogeo.

Para sorpresa de Kahane, en menos de un mes reunimos este grupo diverso en la Abadía de Monserrat, en el norte de Bogotá, y se hicieron varias reuniones que concluyeron en la discusión de 4 escenariosposibles que podría recorrer el país:uno, dejar que las cosas siguieran como estaban; dos, intentar una paz a costa de exageradas concesiones;tres, adoptar una salida de confrontación militar, o cuatro, buscar la unidad del país para lograr una paz sensata basada en el diálogo.

¡Quién lo iba a decir! Los escenarios de este ejercicio, que se denominó “Destino Colombia”, resultaron proféticos, y acabamos transitándolos uno por uno: desde la inacción… a los esfuerzos fallidos del Caguán; desde el Caguán… a la política de mano dura de la seguridad democrática, y desde ésta… al proceso de paz y el acuerdo que puso fin al conflicto.

¿Y cómo seguiría el documental, si yo fuera el guionista?

Contaría de los golpes militares asestados a la guerrilla, que la convencieron de que jamás podría alcanzar el poder por las armas.

El bombardeo al campamento de Raúl Reyes en la frontera con Ecuador, que dio de baja por primera vez a un miembro del Secretariado, hoy exactamente hace 9 años…

La Operación Jaque –la más exitosa operación de inteligencia militar jamás lograda– que terminó con la liberación de Íngrid Betancourt, 3 norteamericanos y 11 oficiales y suboficiales, sin disparar un solo tiro, en una trama ingeniosa y cinematográfica como ninguna.

No me explico –de verdad, no me explico– cómo es que aún no se ha llevado esta historia a la pantalla grande, para estrenarla ojalá aquí en el Festival de Cine de Cartagena.

Recuerdo que Larry King, el gran periodista norteamericano, dijo que era la operación de inteligencia militar más espectacular que había conocido –y él era un gomoso de este tema–, por encima de la famosa operación de los comandos israelíes en Entebbe, y a la altura del Caballo de Troya.

Luego, ya como presidente, vinieron nada menos que las operaciones en que cayeron el Mono Jojoy –el jefe militar de las FARC– y Alfonso Cano –su máximo comandante–.

¡Qué compleja decisión autorizar la operación contra Cano cuando ya habían comenzado las aproximaciones para conversar! Ese es el tipo de anécdotas, de dilemas, que pondrían el toque humano al guion.

¿Y qué más pondría en el documental? Tantos momentos difíciles durante el proceso, que se fueron superando contra viento y marea pero con perseverancia y, sobre todo, con la convicción de que hacíamos lo correcto.

Hablaría de las mentiras, de los mitos que se inventaron contra el proceso, que fueron difundidos como verdades por las redes sociales e incluso por importantes medios de comunicación.

Pero también contaría de la satisfacción, la alegría, el momento de júbilo –¡oh, Júbilo Inmortal!– cuando firmamos el acuerdo de paz acá en Cartagena…

O el desasosiego cuando se perdió el plebiscito por unos pocos votos…

O la esperanza cuando los jóvenes se tomaron las calles y las plazas para exigir la paz…

Y qué me dicen de la sorpresacuando el Comité Noruego del Nobel nos lanzó un salvavidas al que llamé “un regalo caído del cielo”, no para mí, sino para la paz de Colombia...

Y la emoción, ¡la feliz emoción!, de ver allá, en Oslo, a las víctimas del conflicto –a Ingrid, a Clara Rojas, a Fabiola Perdomo, a Leyner Palacios, a Héctor Abad Faciolince, a Pastora Mira, a Liliana Pechené– abrazadas, recibiendo la aclamación, la admiración y el respeto del mundo entero.

Tal vez con esa imagen –con esa imagen de dignidad y esperanza– cerraría el guion de mi documental.

¡Qué bello es el cine para contar historias! ¡Y qué grande es el cine para contar La Historia!

Por eso quiero al cine. Por eso respeto al cine y no me he perdido, en estos casi siete años de Presidencia, ni una sola vez este acto inaugural.

Y qué bueno poder decir que el cine va bien; que el año pasado, en Colombia, batimos otra vez record de espectadores de cine en nuestro país: ¡61 millones!

Y no solo eso. Rompimos el record de producciones nacionales estrenadas y de espectadores de cine colombiano: 41 películas nacionales a las que asistieron 4 millones 800 mil espectadores.

En siete años hemos cuadruplicado el número de estrenos domésticos y el número de espectadores de nuestro cine.

También –con los estímulos que contempla la Ley Filmación Colombia– seguimos atrayendo a productores extranjeros para que rueden en nuestro territorio.

Desde el 2013, se han beneficiado 27 proyectos extranjeros, que han invertido 40 millones de dólares. Pero más que la cifra de inversión, lo importante es lo que esto representa en empleos para la industria del cine, y en progreso para el país.

Les doy dos datos bien dicientes: estas películas rodadas en Colombia han generado más de 11 mil contrataciones, entre personal técnico y artístico –incluyendo actores y extras–, y han representado cerca de 40 mil noches de hotel compradas, con lo que esto significa para el sector turístico y la economía.

Por todo esto exaltamos al cine, no solo como la fábrica de sueños que es, sino también como una fábrica de empleo, de progreso y desarrollo.

Y no solo el cine. No puedo dejar de resaltar, con orgullo, el buen momento de la televisión pública, que tiene 60 nominaciones a los premios India Catalina.

Muchas felicitaciones a Señal Colombia y al Canal Institucional que reúnen 29 de esas nominaciones, gracias a su esfuerzo y talento para convertirse en una alternativa para los hogares.

Y quiero hacer una mención especial hoy a Francia, pues este año estamos celebrando el Año Colombia-Francia.

En esta oportunidad el Festival tendrá una buena muestra del excelente y siempre apasionante cine francés, y cuenta con invitados de la talla de Vincent Cassel y Denis Lavant, que se unen a esa constelación de estrellas que han hecho parte de este evento cinematográfico, el más antiguo de América Latina.

Queridos amigos del cine:

El domingo pasado, el azar puso una nota de gracia –y de drama a la vez– a la ceremonia de entrega de los premios Oscar con la confusión de las tarjetas que indicaban la película ganadora.

¡Que NO nos pase lo mismo! En el Festival de Colombia ya ganó una película… ¡y esa película se llama PAZ!

NO dejemos, de ninguna manera, por ningún motivo, que nos cambien la tarjeta, ¡ni ahora ni nunca!

Porque no faltan aquellos que –así resulte difícil de creer– añoran la guerra; los que están dispuestos a reversar la historia; los que NO se alegran –como sí nos alegramos todos nosotros– al constatar que hace medio año no hay un solo muerto en este país por causa del conflicto con las FARC.

¡Ni un soldado, ni un policía, ni un civil, ni un guerrillero, muertos o heridos por la prolongación de un conflicto absurdo!

¡Eso es lo que tenemos que celebrar! ¡Eso es lo que tenemos que cuidar! ¡Y NO vamos a dejar que nos lo arrebaten!

¡Porque LA PAZ NO TIENE REVERSA!

Y ni la firma auditora de los premios Oscar, ni Steve Harvey –el famoso presentador de Miss Universo– podrán cambiarnos el nombre de la película ganadora.

PAZ es la película que se merece el premio.

PAZ es la película que queremos que vivan nuestros hijos y nuestros nietos

¡PAZ es cultura! ¡PAZ es arte!

¡PAZ ES CINE!".