Una novedad científica impensada logró el Instituto Neurológico del Hospital Internacional de Colombia (HIC) al realizar la primera cirugía de estimulación cerebral profunda para tratar la depresión refractaria, una alternativa terapéutica dirigida a pacientes que no han obtenido resultados satisfactorios con los tratamientos convencionales.
El procedimiento se conoce como psicocirugía y le fue practicado a Ronald Rodríguez, quien durante años enfrentó un trastorno ansioso-depresivo que afectó su motivación, sus relaciones personales y su capacidad para desarrollar actividades cotidianas.
“La depresión te anula, te quita la motivación y las ganas de hacer cualquier cosa, por muy interesante que sea”, recuerda Rodríguez al describir las dificultades que experimentó desde la adolescencia y que, con el paso del tiempo, llegaron a comprometer su calidad de vida.
Su diagnóstico formal se produjo en 2012. Desde entonces, recibió diferentes tratamientos, entre ellos medicamentos psiquiátricos y estimulación magnética transcraneal. Aunque esta última técnica le proporcionaba mejoría temporal, los resultados no se mantenían después de finalizar las sesiones.
Ante la respuesta insuficiente a estas alternativas, el caso fue evaluado por una junta médica interdisciplinaria que consideró la estimulación cerebral profunda como una opción para su condición, cirugía que fue autorizada por la EPS.
¿En qué consiste la psicocirugía?
El neurocirujano del HIC, doctor Iván Freire, explicó que la estimulación cerebral profunda consiste en implantar electrodos de aproximadamente 1,2 milímetros de diámetro en zonas específicas del cerebro. Estos se conectan mediante cables a un generador de impulsos eléctricos ubicado debajo de la piel, generalmente en la región de la clavícula.
El dispositivo emite estímulos controlados que permiten modular la actividad de los circuitos neuronales involucrados en la regulación del estado de ánimo. La intensidad y los parámetros de estimulación pueden ajustarse externamente por el especialista, de acuerdo con la respuesta de cada paciente.
“Este es un tratamiento personalizado. Cada paciente tiene su propio sitio de estimulación, su programación y sus parámetros. No es algo estándar para todos; buscamos cuál es la configuración que permite obtener la mejor respuesta en cada caso”, señaló Freire.
Aunque el HIC cuenta con experiencia en la aplicación de esta técnica para tratar trastornos del movimiento y epilepsia, esta intervención representa la primera realizada por la institución para un paciente con depresión refractaria.
La aplicación de esta tecnología en casos de salud mental amplía las alternativas disponibles para pacientes seleccionados mediante una evaluación especializada. Sin embargo, el procedimiento no constituye un tratamiento inicial ni una cura para la depresión.
El especialista aclaró que quienes se someten a esta cirugía deben continuar con sus medicamentos, los controles psiquiátricos y el seguimiento médico necesario para ajustar la estimulación y evaluar su evolución.
Ronald Rodríguez reporta cambios en su calidad de vida
Varios meses después de la intervención, Rodríguez asegura haber experimentado cambios en su motivación y en la manera de afrontar la vida. Aunque reconoce que su recuperación no ha sido lineal, destaca una mayor disposición para trabajar, relacionarse con otras personas y retomar actividades que antes le resultaban difíciles.
“He notado algunos cambios muy importantes. Mi vida ha fluido de una manera más libre, de una mejor forma de cómo venía funcionando antes. Para mí, eso ha sido un gran avance y un apoyo importante en medio del proceso de la enfermedad”, relató.
Volver a trabajar con mayor disposición, salir a caminar con amigos o ir al cine son algunas de las actividades que ha comenzado a recuperar y que representan avances en su vida cotidiana.
Destacó, además, el acompañamiento del equipo de neurociencias del HIC durante el proceso y reconoció que la recuperación requiere continuidad, seguimiento y trabajo conjunto con los profesionales de salud.
“Para mí, este procedimiento ha significado una nueva alternativa, una nueva esperanza por buscar mejoría y encontrar una mejor calidad de vida, porque realmente eso es lo que uno desea como paciente, poder vivir de una mejor forma”, afirmó.
Una alternativa para pacientes con depresión resistente
La depresión puede afectar profundamente las relaciones personales, la capacidad laboral y el desarrollo de las actividades diarias. Aunque los medicamentos y la psicoterapia constituyen pilares fundamentales del tratamiento, algunos pacientes no responden de manera suficiente a las opciones convencionales y requieren una valoración especializada.
De acuerdo con el doctor Iván Freire, se estima que entre el 10 % y el 15 % de las personas con depresión podrían presentar características de refractariedad e incapacidad asociadas con una respuesta insuficiente a los tratamientos.
En estos casos, la estimulación cerebral profunda puede evaluarse como una alternativa avanzada, siempre que el paciente cumpla criterios específicos y sea sometido a una valoración rigurosa por un equipo interdisciplinario.
Claves del tema, en tres preguntas:
1. ¿En qué consiste la psicocirugía realizada en el HIC?
Consiste en implantar electrodos en áreas específicas del cerebro, conectados a un dispositivo que emite impulsos eléctricos controlados para modular los circuitos neuronales relacionados con la regulación del estado de ánimo. La técnica se utiliza como alternativa para pacientes seleccionados con depresión refractaria.
2. ¿Quién es Ronald Rodríguez y por qué se sometió a esta cirugía?
Ronald Rodríguez fue diagnosticado con un trastorno ansioso-depresivo en 2012 y recibió tratamientos con medicamentos psiquiátricos y estimulación magnética transcraneal, sin obtener resultados sostenidos. Tras una evaluación interdisciplinaria, fue considerado candidato para la estimulación cerebral profunda con el objetivo de mejorar su calidad de vida.
3. ¿Qué resultados ha experimentado Ronald después de la intervención?
El paciente asegura que ha recuperado parte de su motivación y disposición para trabajar, caminar con amigos e ir al cine. Aunque reconoce que su evolución no ha sido lineal, considera que el procedimiento representa una nueva posibilidad de mejoría. El HIC aclara que la cirugía no es una cura definitiva y que requiere seguimiento especializado y continuidad del tratamiento psiquiátrico.