El fenómeno de El Niño ya fue declarado oficialmente en Colombia y las autoridades locales deberán prepararse para enfrentar posibles afectaciones en el suministro de agua, la generación de energía, la salud pública y la seguridad alimentaria. Ante este panorama, Asocapitales y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD Colombia) presentaron una guía con medidas para anticipar los riesgos y coordinar la respuesta de las 32 ciudades capitales del país durante el periodo 2026-2027.
La iniciativa plantea una ruta de trabajo para que las administraciones municipales identifiquen las amenazas de cada territorio, establezcan indicadores de seguimiento y determinen cuándo deben activar medidas de prevención o atención de emergencias. El propósito es convertir la información técnica y climática en decisiones concretas para reducir las afectaciones sobre la población y garantizar la continuidad de los servicios esenciales.
Las 32 capitales concentran cerca del 47% de la población nacional, por lo que las decisiones que adopten sus alcaldías tienen implicaciones para una proporción importante de los habitantes del país. La preparación también contempla la protección de la infraestructura, la actividad económica y los servicios públicos que pueden verse comprometidos por las variaciones en las condiciones climáticas.
Los riesgos que deberán vigilar las alcaldías
La guía elaborada por Asocapitales y el PNUD identifica 19 escenarios de riesgo asociados al fenómeno de El Niño, entre los que se encuentran la disminución de las fuentes hídricas, el desabastecimiento de agua potable, los incendios de cobertura vegetal, el deterioro de la calidad del aire y las afectaciones por temperaturas elevadas.
La lista también incluye posibles incrementos de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, el zika y el chikunguña, además de impactos sobre la seguridad alimentaria y el suministro de energía. A estos escenarios se suman los riesgos para la infraestructura y los servicios de emergencia, así como los movimientos en masa, las crecientes súbitas y las avenidas torrenciales que pueden presentarse durante episodios de lluvias intensas.
La disponibilidad de agua aparece entre las principales variables que deberán monitorear las administraciones locales. Para ello, se propone que las empresas prestadoras del servicio elaboren balances periódicos entre la oferta y la demanda, calculen la autonomía de sus sistemas e identifiquen fuentes alternativas de abastecimiento que puedan utilizarse si disminuyen los recursos disponibles.
El seguimiento también deberá considerar el comportamiento de los embalses y los caudales de las fuentes de captación. Con estos datos, las alcaldías podrán evaluar las condiciones de sus sistemas de acueducto y definir medidas para evitar interrupciones en el suministro, especialmente en las zonas con mayores dificultades de abastecimiento.
Los incendios de cobertura vegetal constituyen otro de los riesgos priorizados para los próximos meses. Entre las acciones planteadas se encuentran revisar la capacidad operativa de los cuerpos de bomberos, verificar la disponibilidad de equipos y combustible, mantener convenios vigentes para la prestación del servicio y reforzar la vigilancia durante los periodos secos.
La preparación contempla, además, identificar las áreas más expuestas a incendios y establecer medidas de prevención en sectores donde confluyen las zonas urbanas y rurales. La guía propone fortalecer las brigadas comunitarias, mantener franjas cortafuego y retirar material vegetal seco en los puntos priorizados.
En materia de salud, las recomendaciones incluyen intensificar la vigilancia epidemiológica, prestar atención a las enfermedades transmitidas por vectores y preparar protocolos para responder a las afectaciones relacionadas con el calor y la calidad del aire. Los hospitales y centros de salud también deberán revisar sus sistemas de respaldo de agua y energía para mantener sus operaciones ante posibles interrupciones de los servicios.
La seguridad alimentaria forma parte de los escenarios identificados. Por esta razón, se plantea hacer seguimiento al ingreso de productos y a sus precios en las centrales mayoristas, además de coordinar acciones para apoyar a los productores que abastecen a las ciudades. Las medidas también contemplan mantener la asistencia alimentaria para las poblaciones que requieren mayor protección.
Un semáforo para definir cuándo actuar
Uno de los componentes centrales de la propuesta es un sistema de decisión dividido en tres niveles: amarillo, naranja y rojo, que busca orientar las acciones de las autoridades según la evolución de los riesgos y las condiciones de cada territorio.
El nivel amarillo corresponde al alistamiento y comprende la revisión de los planes de contingencia, los recursos disponibles, los contratos y los equipos necesarios para responder ante una emergencia. En esta fase, las administraciones deben verificar la capacidad de sus servicios públicos y definir los indicadores que permitirán identificar cambios relevantes en las condiciones locales.
El nivel naranja está destinado a la acción anticipatoria. Cuando se alcancen los umbrales definidos para esta etapa, las autoridades podrán activar medidas como restricciones a los usos no esenciales del agua, preparación de esquemas de abastecimiento alternativo y fortalecimiento de la vigilancia de los incendios y las condiciones de salud pública. La finalidad es actuar antes de que los riesgos alcancen un nivel de crisis.
El nivel rojo corresponde a la atención de una crisis y contempla medidas de respuesta más amplias, entre ellas la activación de los planes de emergencia, la implementación de racionamientos sectorizados cuando sean necesarios y la coordinación con otras autoridades para atender las necesidades de la población.
Sin embargo, la guía aclara que los niveles de decisión no deben aplicarse de manera idéntica en todas las ciudades. Cada administración deberá establecer los umbrales de acuerdo con sus fuentes hídricas, capacidades de respuesta, indicadores históricos y condiciones territoriales.
Esto significa que las medidas dependerán de la evolución de variables como la disponibilidad de agua, los niveles de los embalses, las alertas por incendios y los indicadores de salud. El objetivo es que las decisiones respondan a señales verificables y no únicamente a una clasificación general del fenómeno climático.
Para hacer seguimiento a estas acciones, Asocapitales y el PNUD proponen utilizar un tablero de control en el que se registren los responsables, las fechas de cumplimiento y los mecanismos para comprobar los avances. Las revisiones deberán realizarse semanal o quincenalmente, según la evolución de las condiciones y el nivel de riesgo identificado.
Agua, energía y servicios esenciales: las medidas de preparación
Entre las acciones planteadas se encuentra la actualización de los planes de contingencia y la identificación de fuentes alternativas de agua. También se recomienda preparar esquemas de suministro que puedan activarse si las condiciones de abastecimiento se deterioran, así como revisar las necesidades energéticas de los sistemas de bombeo, potabilización y tratamiento de aguas. Estas medidas buscan mantener la disponibilidad de agua potable y anticipar posibles interrupciones en los servicios.
La continuidad del suministro eléctrico es otro de los puntos incluidos en la preparación, debido a su relación con el funcionamiento de los acueductos, los hospitales y otros servicios críticos. Por ello, se propone identificar las instalaciones que requieren atención prioritaria y verificar el funcionamiento de las plantas eléctricas de respaldo, además de garantizar la disponibilidad de combustible para su operación.
En el caso de los hospitales, las recomendaciones comprenden comprobar las reservas de agua, los sistemas de energía y los protocolos para mantener la atención. Para los organismos de emergencia, se plantea revisar el personal disponible, los equipos y los tiempos de respuesta, teniendo en cuenta que diferentes incidentes podrían presentarse simultáneamente durante los periodos de mayor riesgo. La preparación incluye tanto la capacidad de atención sanitaria como la respuesta ante incendios y otras emergencias.
La preparación también incluye acciones para proteger a las poblaciones más vulnerables. Las administraciones deberán identificar sectores con antecedentes de interrupciones del servicio de agua, adultos mayores que viven solos, habitantes de calle, hogares comunitarios, colegios y cárceles, entre otros grupos que podrían necesitar atención prioritaria.
Esta identificación permitirá organizar rutas de abastecimiento mediante carrotanques, establecer puntos de hidratación y preparar espacios de protección frente a las temperaturas elevadas. Asimismo, se propone asegurar la disponibilidad de agua potable para el consumo y el lavado de manos en instituciones educativas y jardines infantiles.
En cuanto a la gestión institucional, la guía recomienda mantener activos los espacios de coordinación entre las alcaldías, las empresas de servicios públicos, las autoridades ambientales, los organismos de respuesta y las comunidades. La articulación entre estos actores busca facilitar el intercambio de información y evitar que las medidas de preparación dependan de una sola entidad.
Las acciones también deberán contar con responsables identificados y recursos disponibles para su ejecución. El seguimiento propuesto incluye revisar los avances, actualizar los escenarios de riesgo y ajustar las decisiones cuando cambien las condiciones climáticas o las capacidades de respuesta.
La presencia de lluvias no descarta los riesgos de El Niño
Uno de los aspectos destacados por Asocapitales y el PNUD es que el fenómeno de El Niño no significa que desaparezcan las lluvias en todo el territorio nacional. Sus efectos pueden variar entre regiones, por lo que las ciudades deberán prepararse tanto para posibles déficits de agua como para episodios de precipitaciones intensas.
La guía advierte que, aunque se esperan condiciones deficitarias de lluvia en regiones como la Pacífica, la Andina y la Caribe, pueden presentarse aguaceros de corta duración, crecientes súbitas y movimientos en masa. Estas situaciones requieren especial atención en zonas de ladera que hayan resultado afectadas por incendios o presenten condiciones de inestabilidad.
Por esa razón, las recomendaciones incluyen mantener la vigilancia de las alertas meteorológicas e hidrológicas, limpiar cauces y drenajes y revisar las condiciones de las áreas expuestas a inundaciones o deslizamientos. Las administraciones también deberán considerar que el retorno de las precipitaciones no implica necesariamente una recuperación inmediata de las fuentes hídricas.
La hoja de ruta establece que las restricciones adoptadas durante una emergencia no deberían levantarse únicamente por la llegada de las primeras lluvias. Para evaluar su retiro, propone verificar que los indicadores que motivaron las medidas permanezcan por debajo de los umbrales definidos durante al menos cuatro semanas consecutivas.
La preparación se extiende más allá de los meses de mayor intensidad del fenómeno. Las recomendaciones contemplan acciones de recuperación, evaluación de los resultados y actualización de los planes municipales de gestión del riesgo, con el propósito de incorporar los aprendizajes obtenidos durante el periodo 2026-2027.
Claves de este tema, en cuatro preguntas:
¿Qué es el fenómeno de El Niño y cómo afectará a las ciudades capitales de Colombia?
El fenómeno de El Niño puede generar déficit de agua, incendios de vegetación, afectaciones a la salud, dificultades en el suministro de energía y problemas de seguridad alimentaria. Sus efectos varían según las condiciones de cada territorio, por lo que las ciudades deben prepararse para diferentes escenarios.
¿Qué medidas deben tomar las ciudades de Colombia ante el fenómeno de El Niño?
Las alcaldías pueden actualizar sus planes de contingencia, identificar fuentes alternativas de abastecimiento de agua y preparar los servicios de salud, energía y atención de emergencias. Las acciones deben ajustarse a los riesgos y las necesidades de cada ciudad.
¿Cómo funcionará el sistema de alertas para enfrentar el fenómeno de El Niño?
La guía plantea un semáforo de tres niveles: amarillo para alistamiento, naranja para acciones anticipatorias y rojo para responder a una crisis. Cada capital deberá adaptar los umbrales de activación a sus condiciones locales, sin aplicar una alerta uniforme para todo el país.
¿El fenómeno de El Niño significa que dejará de llover en Colombia?
No. El fenómeno de El Niño no elimina las lluvias y también pueden presentarse precipitaciones intensas en periodos cortos, inundaciones repentinas y deslizamientos. Por eso, las ciudades deben prepararse tanto para la escasez de agua como para emergencias asociadas a las lluvias.