El telescopio espacial James Webb permitió elaborar uno de los mapas más detallados de la atmósfera de un planeta situado fuera del Sistema Solar. El protagonista es WASP-17 b, un gigante gaseoso ubicado a unos 1.300 años luz de la Tierra; su atmósfera presenta diferencias importantes entre los lados de la mañana y de la tarde.
Una reciente investigación, titulada 'A spatial map of the atmospheric limb of a hot Jupiter', fue liderada por Lili Alderson, de la Universidad de Cornell, junto con investigadores de la Universidad de Bristol y otras instituciones. Sus resultados se publicaron en octubre de 2026 en la revista Nature Astronomy.
Una atmósfera que no es uniforme: el descubrimiento del James Webb
WASP-17 b es un planeta de baja densidad, pero su diámetro casi duplica el de Júpiter, aunque su masa sea inferior. Este exoplaneta orbita cerca de su estrella, tanto que completa una vuelta en casi cuatro días terrestres.
Esta proximidad genera condiciones extremas: un hemisferio permanece iluminado y caliente, mientras el otro queda en oscuridad permanente. Los vientos transportan gases y energía entre ambos lados, lo que modifica la temperatura y la extensión de la atmósfera.
El nuevo estudio encontró una diferencia térmica aproximada de 650 °C entre las regiones atmosféricas de la mañana y de la tarde. Los investigadores estimaron una temperatura de 858 °c para el lado matutino, con un margen de incertidumbre considerable, y de 1.522 °c para el vespertino.
La diferencia ayuda a explicar por qué la atmósfera no tiene una forma perfectamente simétrica: el gas más caliente se expande, mientras el que se enfría ocupa una región menos extendida.
Una nueva técnica para cartografiar el planeta
El avance principal es el uso de una técnica denominada transmission strings, desarrollada para analizar las variaciones de la atmósfera durante el tránsito del planeta frente a su estrella.
En ese momento, parte de la luz estelar atraviesa el borde atmosférico antes de llegar al telescopio. Los gases absorben determinadas longitudes de onda, y sus cambios permiten inferir la composición y las propiedades físicas de distintas regiones.
Los métodos tradicionales suelen promediar la información de todo ese borde, como si la atmósfera tuviera el mismo radio en todas partes. La nueva técnica permite separar regiones según el ángulo desde el que se observa el planeta y reconstruir sus diferencias.
Así, el equipo identificó una región más extendida en el lado vespertino del ecuador, donde los vientos trasladan calor desde el hemisferio diurno hacia el nocturno. El resultado coincide con las predicciones de los modelos de circulación atmosférica.
Qué aporta el telescopio James Webb
La NASA ha destacado la capacidad del James Webb para estudiar atmósferas lejanas mediante radiación infrarroja. En una investigación anterior, publicada en 2023, el telescopio detectó indicios de nanocristales de cuarzo en las nubes de WASP-17 b. El nuevo trabajo aborda otra cuestión: no se limita a identificar materiales, sino que permite estudiar cómo cambian las condiciones atmosféricas de una región a otra.
Los investigadores también estimaron la presencia de vapor de agua y dióxido de carbono, y encontraron resultados compatibles con mediciones obtenidas mediante otras técnicas de observación.
Un paso hacia el estudio del clima extraterrestre
El equipo considera que este método puede aplicarse a otros exoplanetas para investigar diferencias de temperatura, composición y circulación atmosférica.
Aunque no permite observar directamente los vientos como en una imagen meteorológica terrestre, sí ofrece mediciones con las que contrastar los modelos científicos.
El hallazgo demuestra que las atmósferas de otros mundos pueden estudiarse como sistemas tridimensionales complejos. Con nuevas observaciones, los astrónomos esperan avanzar hacia mapas más precisos del clima de planetas situados a cientos o miles de años luz.