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Julio del Mar: "Debo regresar a la televisión; si no, me vuelvo loco"

El actor muestra su cara más motivadora pese a su enfermedad.

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Jueves, Marzo 28, 2019 - 17:06
Julio del Mar
Actor Julio del Mar
Foto: Inaldo Pérez - RCN Radio

El actor Julio del Mar tiene dificultades para caminar y para hablar. Hace seis meses sufrió un accidente cerebrovascular  y desde entonces vive con la ayuda de un cardiodesfibrilador, un aparato que le implantaron debajo de la piel a la altura del corazón. La lista de problemas de salud es larga, pero él prefiere hablar de otras cosas. 

"Debo regresar a la televisión. Debo hacerlo; si no, me vuelvo loco. ¿Qué me pongo a hacer? ¿me tiro por la ventana? ¿Qué sería más fácil, hacer televisión o tirarme por la ventana? ¿Qué piensas tú?"; pregunta el actor barranquillero.

La mejor respuesta es claramente hacer televisión. Ama la actuación más que a nada en este mundo. Le ha entregado su vida, sus mejores años, y ahora, en la enfermedad, también piensa en ella, la anhela, la extraña. Y guarda la esperanza de regresar a esa caja mágica y trabajar en lo único que sabe hacer: actuar.

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Son un poco más de las once de la mañana, unos tenues rayos de sol entran por el ventanal de la barbería Mr. Classic, en Bogotá. A Julio le están terminando de afeitar y acicalar el cabello. Fabián Soto, propietario y administrador, recuerda que la primera vez que el actor de 76 años de edad pisó su local en noviembre del año pasado después de sufrir el accidente cerebrovascular, lucía "muy dejado"; estaba "mechudo y barbado". Desde entonces le han colaborado con su presentación personal porque para Fabián, "el estar presentable físicamente de alguna manera motiva el alma". Y así parece, el actor sonríe satisfecho al mirarse al espejo. 

 

Julio del Mar
Foto: Inaldo Pérez

"Lo que me pasó fue por estrés" 

Los ojos de Julio del Mar le hacen honor a su apellido. Son de un azul vibrante como las aguas del Caribe y pese a las contrariedades de la vida aún brillan, aún guardan una fuerte chispa jovial que ni el tiempo y las desilusiones han logrado opacar. 

Sentado en su silla de ruedas, de la cual espera desprenderse algún día, ojalá cercano, suelta una carcajada cuando se le pregunta por 'sus años dorados'. "Los recuerdo llenos de altibajos, alegrías y tristezas. Esta es una carrera muy bonita, pero también ingrata. Tiene de todo, como la mayoría de las profesiones... Pero yo todo el tiempo sueño con ser actor". 

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La última producción televisiva en la que participó fue 'La luz de mis ojos', emitida por el canal RCN. "Después de terminar las grabaciones pasaron dos años sin que nada se moviera". Julio había dejado de recibir ofertas laborales. Había estado en la cima del éxito por muchos años, pero ahora, había empezado a descender de la colina, y no lo hacía ni por voluntad, ni por gusto. Los años no llegan solos y a los viejos se les olvida. "Es malo olvidar", dice. 

De repente sus pasos fueron más y más rápidos hasta que finalmente solo empezó a caer, no pudo evitarlo. Cayó en picada y se estrelló contra un suelo duro y áspero. 

"Esto me pasó esto por estrés. Mi única entrada de dinero era la actuación, no tengo pensión y las regalías son de las cosas que uno vende en el exterior. Acabo de recibir el cheque la semana pasada", sonríe al decirlo. Siempre es mejor tener una moneda que nada en el bolsillo. Puede que el dinero no lo sea todo en la vida, pero sí que reconforta y tranquiliza. 

Haciendo una pausa en este punto de la historia, Aura Helena Prada, vicepresidente de Actores Sociedad Colombiana de Gestión, explica a La Fm que los actores realmente no reciben regalías por las retransmisiones de sus producciones, en su lugar, reciben "un derecho de remuneración por comunicación pública concedido por la ley 1403 de 2010 en Colombia. Otros países que tienen este mismo derecho y con los que tenemos acuerdos, nos pagan los derechos que recaudan allí". 

Agrega que lo ideal en un futuro es que, "todos los actores estuvieran pensionados y con todas sus posibilidades materiales al cien por ciento. Sin embargo, en Actores Sociedad Colombiana de Gestión, existen programas de bienestar social para todos sus socios, incluidos los adultos mayores, para quienes hay entre otros programas: subsidio para el no pensionado, hogar asistido y subsidio de medicamentos". 

Por lo pronto, Julio del Mar retoma su historia y continúa recordado la terrible madrugada en la que casi pierde la vida, pero aferrándose al último suspiro que podía quedarle, logró quedarse en este mundo y seguir en pie. 

Julio del Mar habla del día del accidente cerebrovascular

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Unos vecinos, extrañados de no ver, ni escuchar a Julio aquella mañana, decidieron entrar por la puerta de su balcón, que para su fortuna había dejado entreabierta. Lograron auxiliarlo a tiempo. 

"El médico me dijo que era estrés y  no me morí porque Dios no quería que me muriera. El doctor me dijo - Yo no debería estar hablando contigo, pasaron muchas horas sin que recibieras ayuda - Pero no me fui... Creo en Dios ahora más que antes, lo que no me gusta es ser fanático, no me nace. Pero no tengo idea de por qué no me llevó, no me ha dicho nada, he hablado con él, pero no me ha dicho el por qué sigo aquí", bromea y suelta nuevamente una carcajada. 

"Este marcapasos, como le llamo yo; porque tiene como cuatro nombres, pero ese fue el que se me quedó, es para que cuando venga el siguiente coñazo llegue primero ahí y no al corazón". 

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Siempre es mejor reír, que llorar 

Su sentido del humor es permanente, en entrevistas recientes se le ha visto triste, desolado; pero hoy prefiere reír. Hace chistes por todo, hasta de su enfermedad. Se apoya en el espaldar de su silla de ruedas y ríe a carcajadas. Es un Julio del Mar diferente, uno que quiere vivir, que goza, que ve un panorama más colorido. 

"Mantengo este humor haciéndome el tonto. Burlándome de lo que me pasa. Es difícil, pero me logro burlar de lo que me pasa y reírme como lo estoy haciendo ahora. Pero claro, También tengo mis momentos", expresa mientras se le desdibuja levemente la sonrisa. 

Julio del Mar
Foto: Inaldo Pérez

El suicidio, ese terrible pensamiento que como un manto negro nubla la mente de tantos, también se ha paseado por la de Julio. Su voz, que se ha mantenido firme, con uno que otro resbalón producto de la parálisis que sufrió y que aún le mantiene inmóvil el lado izquierdo de su cuerpo, se quiebra. Sus ojos brillan, pero esta vez no por aquella chispa jovial, sino por las lágrimas que empiezan a asomarse tímidas, resistiéndose a correr por sus mejillas. 

"Cada quien tiene su razón mi amor. ¿No crees que yo no lo he pensado? Pero digo -No- Creo que esto que me pasó Dios me lo mandó porque sabe que puedo aguantarlo. De lo contrario, ya me hubiese llevado". 

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Las lágrimas se esconden, su voz se estabiliza, pero no por mucho tiempo. Hablar de su familia es un tema sensible, específicamente al preguntarle por sus hijos. Con tono cortante enfatiza, "no quiero hablar de esto, pareciera que estoy hablando mal. No quiero. Henry es mi familia, lo ha sido en estos meses tan difíciles". 

Señala a Henry López, un exalumno suyo, que ha estado al pendiente del actor en todo momento. 

De sus amigos asegura, "antes los contaba con las manos y me sobraban dedos, ahora me sobran más dedos". Sin embargo, algunos se han mantenido fieles. Se golpea el pecho para reafirmar que a aquellos, que se han quedado en esta mala racha, los lleva en el corazón. 

 

Julio del Mar habla de sus amigos

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"¡Vamos para adelante!"

En este capítulo oscuro de la conversación, Julio reflexiona y mira directo a los ojos sin pestañear. "Vive tu vida como si fuera el último porque mañana no sabemos nada. No odies, odiar es feo, uno puede ponerse mala onda con ciertas personas, pero nunca odiar". 

Con ayuda de diferentes terapias, Julio del Mar poco a poco va caminando, aunque debe hacerlo apoyado. Hasta el momento solo puede mover con total libertad el brazo derecho, incluso lo estira y abre y cierra la mano para mostrar su movilidad. 

"Ahora me cotorreo las terapias. Me las divierto, al principio me dolía. Puedo caminar apoyado. Lo que primero  recuperé fue el habla porque yo quedé balbuceando y no me entendían". 

Pasa sus días leyendo y escuchando música. "Debo leer en voz alta para vocalizar, porque de lo contrario, paila". No ve televisión porque las novelitas de ahorita no le entretienen, pero le gustan las series, aunque por el momento no está viendo ninguna. "Poco a poco voy agarrando el paso", comenta. 

Se le pregunta por la soledad y no titubea en responder, "no se la recomiendo a nadie. El hombre y la mujer no tienen que, sino deben estar juntos. Nadie tiene por qué estar solo, uno debe estar siempre acompañado". 

La edad nunca es impedimento para el amor, entonces la curiosidad va más allá en un intento por averiguar si alguna mujer le alegra sus días o noches. "He amado a varias,  no puedo decir quién es la última. El amor viene y va como se le da la gana, uno ahí no manda". 

De la compasión afirma que es "el último de los sentimientos que debe tener el hombre. ¿Compasión de quién y por qué?". 

Julio del Mar es el vivo retrato que incluso en el paraje más oscuro y tenebroso, se debe buscar una esperanza, una alegría, un momento feliz. Nuevamente aparece su actitud bromista y recuerda un momento que le causó mucha gracia. "Una vez me entregaron un trofeo y me dijeron que era el mejor actor del año, pero eso solo quería decir que al siguiente año ya no lo era". 

La cita ha llegado a su fin, pero antes, el maestro Julio del Mar dedica unas palabras a su público. 

Julio del Mar despedida

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Fuente:
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