La final del Campeonato Mineiro 2026 entre Cruzeiro y Atlético Mineiro terminó envuelta en un escándalo que ya es considerado uno de los episodios disciplinarios más graves en la historia del fútbol brasileño. El árbitro Matheus Candançan registró 23 expulsiones en el acta oficial del partido, una cifra que establece el mayor número de tarjetas rojas en un encuentro del fútbol de Brasil.
El hecho ocurrió tras una batalla campal entre jugadores de ambos equipos en los minutos finales del partido, que terminó con victoria 1-0 para Cruzeiro, resultado que le permitió quedarse con el título regional. Sin embargo, el desenlace deportivo quedó completamente opacado por la violencia registrada dentro del campo.
Según el informe arbitral, 12 jugadores de Cruzeiro y 11 de Atlético Mineiro fueron expulsados por participar en la trifulca, una cifra que supera el anterior récord brasileño de 22 expulsiones en el partido Portuguesa–Botafogo de 1954.
Pese al número inusual de sanciones, ninguna tarjeta roja fue mostrada durante el desarrollo del encuentro. Las expulsiones fueron consignadas posteriormente en el acta oficial, luego de que el árbitro analizara los hechos tras el final del partido.
El choque que desató la pelea generalizada
El conflicto comenzó durante el tiempo de compensación del encuentro, cuando el delantero Christian Alves Cardoso, de Cruzeiro, fue a disputar un balón cerca del arco rival y golpeó con la espinilla la cabeza del arquero Everson, guardameta de Atlético Mineiro, en una acción considerada de fuerza excesiva.
De acuerdo con el informe arbitral, inmediatamente después del impacto Everson reaccionó derribando al jugador rival y golpeándolo con una rodilla en el rostro, lo que provocó que otros futbolistas intervinieran en la jugada.
A partir de ese momento se desencadenó una gresca generalizada que involucró a gran parte de los jugadores de ambos equipos. En las imágenes del partido se observan empujones, patadas, puñetazos y persecuciones dentro del campo, en una escena que rápidamente se desbordó.
Entre los hechos registrados durante el enfrentamiento aparecen acciones como la patada voladora del defensor Lucas Villalba contra Hulk, un golpe de Lucas Romero contra Everson, así como empujones y agresiones cruzadas entre varios futbolistas.
El caos también provocó que jugadores que se encontraban lejos de la jugada corrieran a intervenir. Incluso el arquero Cássio, de Cruzeiro, recorrió gran parte del campo para sumarse al tumulto.
El incidente no se limitó únicamente a los once titulares. Según reportes del partido, suplentes y miembros de los cuerpos técnicos también ingresaron al terreno de juego, lo que dificultó controlar la situación.
Ante la magnitud del altercado, el árbitro Matheus Candançan solicitó protección policial mientras se restablecía el orden en el estadio.
Las expulsiones se registraron después del partido
Uno de los aspectos más llamativos del caso es que ninguna tarjeta roja fue mostrada durante la pelea, a pesar de la violencia observada en el campo.
Según explicó el árbitro en el informe oficial, el nivel de desorden y la cantidad de jugadores involucrados hicieron imposible identificar con precisión a todos los responsables en tiempo real, por lo que decidió consignar las sanciones posteriormente en la planilla arbitral.
En total, 23 futbolistas fueron expulsados en el documento oficial. De ellos, 21 recibieron la sanción por participar directamente en la pelea, mientras que dos expulsiones se atribuyen específicamente al origen del incidente: Christian, por el golpe inicial al arquero rival, y Everson, por su reacción posterior.
A pesar del escándalo, el resultado del encuentro se mantuvo sin modificaciones. Cruzeiro se impuso 1-0 gracias a un gol de Kaio Jorge, lo que le permitió coronarse campeón del torneo estadual.
Sin embargo, las consecuencias disciplinarias podrían extenderse durante las próximas semanas. Las sanciones derivadas de las expulsiones se aplicarán únicamente en el Campeonato Mineiro, de acuerdo con el Código Brasileño de Justicia Deportiva, por lo que no afectarían directamente la participación de los jugadores en el Brasileirão.
Aunque el episodio marcó un récord a nivel nacional, el incidente no supera la marca mundial de expulsiones en un partido de fútbol, registrada como Récord Guinness, que sigue perteneciendo al encuentro entre Claypole y Victoriano Arenas en Argentina en 2011, donde se registraron 36 tarjetas rojas.
El caso ahora queda en manos de las autoridades disciplinarias del fútbol brasileño, que deberán determinar posibles suspensiones adicionales tras uno de los enfrentamientos más violentos registrados en una final regional en el país.