Jesús Santrich, el guerrillero burlón que indignó a Colombia

Foto: Jesús Santrich / Colprensa

Jesús Santrich, detenido por petición de Estados Unidos para juzgarlo por narcotráfico, es uno de los exguerrilleros de las Farc que más ampollas levanta entre los colombianos.

Según su ficha de la Interpol, nació con el nombre de Seusis Pausivas Hernández Solarte el 30 de julio de 1966 en Toluviejo, en el caribeño departamento de Sucre, y ha reconocido que se unió a la guerrilla cuando contaba con 21 años.

Formado en Educación con especialidad en Ciencias Sociales, hizo un postgrado en Historia. Nació en una familia de maestros y muy joven comenzó su militancia: primero en la Juventud Comunista (JUCO) y más tarde en la Unión Patriótica (UP), según ha explicado en varias ocasiones.

En medio del genocidio contra ese partido decidió unirse a las Farc y se vinculó al Frente 19, que operaba en la Sierra Nevada de Santa Marta, frente al mar Caribe, donde conoció a Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, extraditado en 2004 a Estados Unidos, donde purga una pena por el secuestro de tres ciudadanos de ese país.

Con un discurso mucho más rimbombante que sus compañeros, fruto de su formación académica, Santrich se ha jactado en varias ocasiones de su pasión por la literatura, la música y el dibujo.

De hecho llegó a escribir un libro, “Diez Relatos Tayronas“, sobre los pueblos indígenas de la Sierra Nevada.

Sin embargo, era relativamente desconocido para muchos colombianos hasta que integró la delegación de paz de las Farc desde los inicios de las negociaciones en La Habana.

Entonces ya era miembro del Estado Mayor (mando) de esa guerrilla hoy desmovilizada y se había quedado parcialmente ciego por un problema degenerativo, el síndrome de Leber, de origen genético que afecta los nervios ópticos.

Usando siempre gafas negras y una Kufiyya (pañuelo palestino) sobre sus hombros, pronunció algunas de las frases más arrogantes que se han escuchado a los miembros de las Farc.

Cuando todavía estaban en Oslo en la fase previa de las negociaciones de paz, le dijo “tranquilo, Bobby, tranquilo” al jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, en referencia a una canción de Juan Luis Guerra.

También recurrió a su tono más arrogante cuando en 2017 arremetió contra la Corte Constitucional y las decisiones que había tomado acerca de varios puntos del acuerdo de paz al soltar en un acto público: “Hay por lo menos 13 cuerpos normativos que han pasado por el Congreso y van a llegar a las inocentes manos de la Corte Constitucional, a mí modo de ver, para volverlos mierda”.

En su primer acto en el Congreso, en el que Santrich intervino para hablar acerca de las llamadas “circunscripciones transitorias especiales de paz”, tuvo una agria polémica con el representante a la Cámara Santiago Valencia, del uribista Centro Democrático, quien prefirió abandonar la sesión antes que darle la palabra.

Otro miembro del Centro Democrático, Edward Rodríguez, lo llamó entonces “asesino”, por lo cual Santrich lo denunció ante la justicia, argumentando que ya había sido amnistiado, lo que causó indignación nacional.

También cuando tuvo delante a periodistas mostró su intransigencia. En una ocasión, mientras preguntaban a su compañero Byron Yepes acerca de los abortos a los que eran obligadas a someterse las guerrilleras bajo su mando, interrumpió la declaración para ofender al periodista al que llamó “cretino”.

Sin embargo, cuando más indignación levantó en la sociedad, fue en medio de los diálogos de paz en La Habana.

Entonces fue preguntado por el equipo de corresponsales de TVE acerca de si las Farc tenían previsto pedir perdón a las víctimas.

En tono burlesco y agarrado a su amigo Iván Márquez, jefe del equipo negociador de la guerrilla, entonó: “Quizás, quizás, quizás”.

Su canto levantó una ola de críticas por la falta de respeto a las víctimas y los colombianos lo marcaron como uno de los hombres más odiados de una guerrilla que en su primera cita en las urnas, el pasado 11 de marzo, obtuvo 50.000 votos.

Ahora, cuando se cierne sobre él la posibilidad de ser extraditado a Estados Unidos, donde un juzgado de Nueva York le reclama por intentar enviar 10 toneladas de cocaína tras desmovilizarse, los memes le han recordado esa frase.

“¿Será que me extraditan? Quizás, quizás, quizás”, reza una de esas bromas virales que se han extendido como la pólvora.