Los demonios que enfrenta el ejército iraquí 15 años después de la caída de Sadam

Foto: Archivo AFP

En 2003 fue derrocado Saddam Hussein.

Hace quince años eran compañeros de armas, pero durante la guerra contra el grupo Estado Islámico (EI), los comandantes del nuevo ejército iraquí tuvieron que enfrentarse a sus otrora camaradas, convertidos en oficiales del “califato”.

En tres años de combates contra los yihadistas, Abdel Karim Jalaf, exgeneral del ejército, se dio cuenta de que algunos yihadistas procedían del ejército y “conocían”, a veces personalmente, a sus comandantes.

“Tenían una experiencia y métodos heredados del ejército” de Sadam Husein, explica a la AFP este excomandante, hoy experto en cuestiones militares.

Conocían las tareas de las que se solían ocupar los oficiales subalternos, “como la construcción de túneles y de defensas terrestres”, dos técnicas muy utilizadas por el EI en Irak y en la vecina Siria.

En 2003, cuando Estados Unidos invadió Irak, una de las primeras decisiones que tomó Paul Bremer, el administrador estadounidense, fue el desmantelamiento de todas las fuerzas de seguridad del país.

“Estados Unidos debilitó al ejército iraquí”, lamenta Abdel Karim Jalaf, quien sirvió bajo Sadam Husein, fue destituido del ejército en 2003 y reintegrado a posteriori.

Conocer al enemigo

 

En 2014, cuando el EI lanzó una fulgurante ofensiva y se apoderó de un tercio de Irak, el “nuevo” ejército, que no estaba en absoluto preparado, sufrió una verdadera desbandada, principalmente en Mosul (norte).

Entretanto, en respuesta a la decisión de Bremer, muchos militares, policías y otros oficiales de inteligencia se unieron a los movimientos que combatían a las fuerzas extranjeras y, luego, iraquíes. Muchos optaron por movimientos yihadistas que, sin embargo, se oponían a la ideología del Baas de Sadam Husein, un partido laico y socialista.

Su “experiencia heredada de la era Sadam fue crucial”, asegura Fanar Haddad, especialista en Irak en el Middle East Institute de Singapur.

Cuando el ejército inició su contraofensiva contra el EI, se vio de pronto en una configuración inédita, explica Hisham Al Hashemi, especialista en movimientos yihadistas.

Los “exsoldados de Sadam”, como por ejemplo los jefes de las unidades de élite de contraterrorismo, las CTS, punta de lanza del combate anti-EI, entrenados y equipados por Estados Unidos, se encontraron frente a “antiguos soldados de Sadam que ocupaban, con el EI, una parte de Irak”.

El conocimiento del enemigo fue entonces vital, afirma Hashemi.

“La mayor parte del Estado Mayor actual viene de las fuerzas especiales del antiguo régimen”, al igual que los comandantes enviados al terreno por el EI. “Ganaron porque sabían que el EI utilizaba los métodos” de las fuerzas especiales de la época de Sadam Husein y pudieron anticiparse a sus movimientos.

Fadel Ahmad Al Hayali, “el principal adjunto” del “califa” autoproclamado del EI, Abu Bakr Al Bagdadi, según la Casa Blanca, era uno de esos antiguos combatientes.

Entrenamiento ‘casi permanente’

 

Convertido en número dos del EI, se encargaba de las transferencias de armas, explosivos, vehículos e individuos entre Irak y Siria hasta que fue abatido en una incursión cerca de Mosul en 2015.

En cuanto al “estratega más importante” del EI según el semanario alemán Der Spiegel, se trataba de un excoronel de inteligencia aérea de Sadam Husein, Samir Abd Muhamad Al Jlifawi, apodado Haji Bakr. Al parecer, fue abatido en 2014 por rebeldes sirios.

Y estos ejemplos no son casos aislados, asegura Hashemi, pues en las instituciones que puso en marcha el EI, “el Diwan militar y el Diwan de la seguridad estaban compuestos por oficiales del ejército y de los servicios de inteligencia de Sadam Husein”.

El apoyo aéreo de la coalición dirigida por Washington fue determinante en la derrota del EI pero, según Jalaf, “las fuerzas iraquíes conocían la naturaleza de la batalla, la geografía del terreno”.

“Habíamos entendido cómo combatía el enemigo, gracias a los reflejos adquiridos” bajo Sadam Husein, agrega.

A eso se añadían, según Hadad, los años de experiencia en un país confrontado a un ciclo de violencia provocado por el vacío de seguridad creado por la invasión de 2003.

“Han pasado quince años desde 2003 y, desgraciadamente, estos les han dado a los iraquíes un entrenamiento intensivo casi permanente en insurrección y contrainsurrección”, sostiene.

Con información de AFP