13 Mar 2016 04:38 PM

Brasil: una multitud pide la salida de Rousseff

Las manifestaciones se dan por el descontento social, la recesión económica y un multimillonario fraude a Petrobras que salpica a la élite empresarial y política del país.
Una ola de manifestantes pidió este domingo la destitución de la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Se espera que al fin del día, cerca de un millón de brasileños hayan expresado su irritación en las calles de más de 400 ciudades, en una protesta que por primera vez es apoyada públicamente por partidos de la oposición. 
 
La magnitud de las marchas es un dato de alta sensibilidad para Rousseff, que enfrenta un pedido de juicio político que podría terminar anticipadamente su mandato, previsto hasta 2018, y también para los que buscan combustible para ese proceso que está en ciernes en el Congreso.
 
"Estamos en la calle porque no aguantamos más este gobierno. Señores diputados, señores senadores, exigimos el impeachment de Dilma", dijo Rodrigo Chequer, líder del grupo Vem pra Rua, uno de los organizadores de la manifestación, desde lo alto de un camión.
 
La capital económica e industrial de Brasil ha sido el corazón de las marchas contra el gobierno iniciadas en 2015 y es allí donde esta tarde se mostraron líderes opositores como el senador Aecio Neves, derrotado por Rousseff en las últimas elecciones.
 
"Vine porque estoy cansada de ver tanta corrupción y para reclamar por el desorden en que se convirtió este país. Basta de robo, basta", dijo Rosilene Feitosa, una pensionada de 61 años en Sao Paulo. "Yo voté por el PT [Partido de los Trabajadores, en el poder] pero nunca más".
 
Imágenes aéreas mostraban una marea compacta de gente vestida de amarillo y verde, los colores de la bandera nacional y de la emblemática camiseta de la selección de fútbol, en una escena que se repitió en la capital Brasilia -con una asistencia oficial de 100.000 personas- y en Rio de Janeiro, sede de los próximos Juegos Olímpicos.
 
La policía de Rio no realiza estimaciones de las marchas y los organizadores calculan que entre 700.000 y un millón de personas marcharon sin incidentes junto a las playas de Copacabana.
 
Los números a nivel nacional consolidados por el portal G1, muestran que la asistencia informada por las organizaciones casi triplica a la elaborada por la policía.
 
Otros grandes centros urbanos como Belo Horizonte, al sureste, la sureña Curitiba, e incluso tradicionales bastiones del PT, como el estado de Bahia o Pernambuco, en el noreste, también tuvieron importantes convocatorias.
 
-Efervescencia política-
 
En medio de citas de "fin del ciclo" tras más de 13 años del PT en el poder, los manifestantes se quejaron por el derrumbe de la economía, se contrajo 3,8% en 2015 y continuaría su declive este año, y por los escabrosos hallazgos de la investigación en Petrobras, donde fueron desviados multimillonarios fondos hacia partidos que integran la coalición de gobierno.
 
"Cayó Cristina, cambió el Congreso en Venezuela, perdió Evo, y ¿quién caerá ahora? Dilma", arengó desde un camión uno de los organizadores en Sao Paulo, en referencia al término del mandato de la presidenta Cristina Kirchner en Argentina y a las derrotas sufridas por el oficialismo socialista en las legislativas en Venezuela y el mandatario boliviano Evo Morales en un referendo que le negó un potencial cuarto período.
 
Unas 300 personas se reunieron frente a la residencia del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, convertido ahora en uno de los blancos de los fiscales que investigan causas de corrupción y con pedido de prisión preventiva por supuesto ocultamiento de bienes. Lula, símbolo y fundador del PT retribuyó el saludo, constató un fotógrafo de la AFP.
 
En Rio de Janeiro, una avioneta roja que sobrevoló las playas portando un cartel con la leyenda "No va a haber golpe" fue abucheada por la multitud. Poco después, una yate navegaba frente a la costa mostrando una bandera que decía "Fuera Dilma".
 
- Juez héroe -
 
En Brasilia, activistas contra el gobierno levantaron un gigantesco muñeco inflable que asemejaba la figura de Lula vestido de presidiario.
 
La multitud que ocupó la explanada central que conduce al Congreso vivó al juez federal Sergio Moro, cuyos fallos enviaron a la cárcel a varios empresarios y políticos enlodados en la causa Petrobras. 
 
Moro se convirtió en el símbolo de la lucha contra la corrupción en el Estado, un mal que junto al desempleo en alza y a una inflación creciente llevó a Brasil a una espiral de desánimo que alcanzó a la propia coalición de gobierno.
 
El sábado, el mayor aliado que tiene el PT anunció que evalúa romper la alianza. El centrista PMDB, la mayor fuerza política de Brasil, debatirá durante 30 días si abandona a Rousseff a su suerte o si se mantiene dentro del gobierno. Una eventual salida fragilizaría al gobierno al extremo.
 
En plena tormenta, Rousseff compareció sonriente el viernes y echó mano del carácter glacial que envuelve su biografía: "¿Creen que tengo cara de estar resignada? ¿Creen que tengo genio para resignarme? Yo no estoy resignada ante nada y no tengo esa actitud ante la vida (...) Cuenten, por lo menos, que no tengo cara de quien va a renunciar", instó a los periodistas.
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