El regreso del príncipe Harry y Meghan Markle a Inglaterra reavivó el debate sobre su relación con la monarquía británica. Aunque la pareja retomó sus apariciones públicas en el Reino Unido, el Palacio de Buckingham reiteró que ambos siguen fuera de las funciones oficiales de la Corona. Ahora, una fuente cercana a los duques de Sussex asegura que tampoco les agrada que los describan como “antiguos royals”.
La controversia, publicada por The Times, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión central: ¿cómo quieren Harry y Meghan que se defina su posición dentro de la familia real?
Harry y Meghan rechazarían el término “antiguos royals”
Según The Times, una persona cercana a los Sussex afirmó que ambos rechazan las expresiones “miembros activos de la familia real” y “antiguos royals”. La fuente considera que estas denominaciones no reflejan su situación actual.
“Él lo odia, ella lo odia”, habría dicho al referirse al término working members of the royal family, utilizado para identificar a los integrantes que cumplen funciones oficiales en nombre de la institución.
La misma fuente sostuvo que Harry y Meghan ya no trabajan para la monarquía, pero continúan desarrollando sus propias actividades. También argumentó que llamarles “antiguos royals” resulta engañoso, pues Harry sigue siendo hijo del rey Carlos III y ambos conservan su vínculo familiar con los Windsor.
Sin embargo, estas afirmaciones proceden de una fuente cercana a la pareja y no de una declaración pública directa de los duques.
El regreso a Inglaterra reavivó la polémica
La discusión cobró fuerza tras la reaparición conjunta de Harry y Meghan en Nottingham, el 15 de octubre de 2026. Fue su primera serie de compromisos públicos juntos en suelo británico desde su regreso al país.
Durante la visita, recorrieron organizaciones comunitarias y benéficas, saludaron a simpatizantes, se tomaron fotografías y conversaron con asistentes. La ciudad tiene un significado especial para la pareja, pues allí realizaron una de sus primeras apariciones públicas conjuntas en 2017.
De acuerdo con Reuters e ITV News, la recepción incluyó muestras de apoyo y escenas similares a los tradicionales encuentros de los miembros de la realeza con la ciudadanía. Pero, las actividades no se realizaron en representación oficial de la Corona. Precisamente esa diferencia entre mantener una presencia pública y ejercer funciones institucionales explica buena parte de la controversia.
La carta de Buckingham Palace que aclaró su posición
En septiembre, el Palacio de Buckingham envió una carta a departamentos gubernamentales, autoridades militares y representantes institucionales para reiterar el estatus de Harry y Meghan.
La comunicación fue emitida por Richard Benyon, lord chambelán, por indicación del rey Carlos III. El documento señaló que la situación de los duques no había cambiado: ya no son miembros activos de la familia real y sus actividades benéficas se realizan a título personal.
La carta describió su posición como equivalente a la de ciudadanos particulares con intereses comerciales y benéficos. También aclaró que sus tratamientos de alteza real permanecen en suspenso y no deben utilizarse.
La medida buscaba evitar confusiones entre las actividades privadas de los Sussex y los compromisos oficiales de la monarquía, especialmente cuando intervienen organismos públicos o podrían utilizarse fondos estatales.
¿Quieren conservar su identidad real sin representar a la Corona?
La tensión radica en la diferencia entre pertenecer a la familia real por nacimiento o matrimonio y trabajar oficialmente para la institución. Harry continúa siendo hijo del monarca, pero dejó sus funciones reales en 2020 junto con Meghan, cuando ambos decidieron buscar independencia económica y desarrollar proyectos propios.
De acuerdo con The Times, la pareja considera que la etiqueta “antiguos royals” influye en la percepción pública de su identidad y de su trabajo. La fuente sostiene que no han dejado de ser figuras vinculadas a la realeza, aunque ya no representen a la Corona.
Por ahora, el regreso a Inglaterra no implica una reincorporación a la monarquía. La carta de Buckingham Palace establece los límites institucionales, mientras que las declaraciones atribuidas a su entorno reflejan el desacuerdo con la manera de describir su posición.